Activos frente al sedentarismo laboral

Activos frente al sedentarismo laboral
Se ha producido un cambio de hábitos que ha dejado un factor clave para la alteración de la salud, el sedentarismo. Un factor que confunde comodidad con bienestar y salud.

Medio siglo de desarrollo, en las sociedades avanzadas, ha dejado tras de sí comodidades y confort, rutinas amables para una vida tranquila y segura. Sí, pero a cambio de una motorización excesiva que facilita ir sobre cuatro ruedas a cualquier lado y poner las cosas fáciles, para subir con ascensores y escaleras mecánicas a cualquier altura. Por pequeña que sea.

Un cambio de hábitos que ha dejado un factor clave para la alteración de la salud, que se ha quedado para reinar entre la ciudadanía y se resiste a abandonarla. Se llama sedentarismo. Un factor que confunde comodidad con bienestar y salud.

Cada vez se hace menos ejercicio y, cuando se dispone de tiempo para dedicarlo a actividades de ocio que movilicen físicamente, la actitud es quedarse en casa, frente al televisor o delante de un ordenador, como figurantes pasivos de la propia salud.

Se trata de una actitud vital que ha convertido un ideal de otros tiempos en la naturaleza diaria del estilo de vida moderna. En otros tiempos, el ideal social superior era llevar una vida cómoda y despreocupada, libre de ejercicios físicos y violentos que estaban reservados para las clases menos favorecidas. Hoy en día, las facilidades del mundo moderno han traído ese ideal, para hacerlo fácil de integrar en las vidas. Paradójicamente, con el riesgo de poner en cuestión la salud y esa misma vida de confort.

Aún más, muchos de los trabajos que exigían desempeños físicos, solo una o dos generaciones atrás (muchos de ellos eran tareas manuales), han desaparecido o han sido sustituidos por ayudas técnicas, con la incorporación de máquinas y herramientas que se manejan con ergonomía, pero sin esfuerzo.

De esa actividad productiva con herramientas solo queda el control de las funciones mecánicas o, peor aún, ahora, se ponen en manos de sistemas informáticos que libran de cualquier función fiscalizadora.

En el futuro, el trabajo mecánico será una labor diferida en la que ni siquiera se contará con el control de lo que se hace y sólo se van a disfrutar los resultados. Por tanto, el sedentarismo es un compañero de viaje que se ha aupado también a cualquier proceso o diseño tecnológico, con lo grave que supone esa condición para la salud humana.

A pesar de que no existe un consenso que defina lo que es sedentarismo, se pueden considerar como actitudes sedentarias aquellas actividades que se realizan estando despiertos e implican estar acomodados, sentados o recostados. Actividades que suponen, por encima de todo, un bajo consumo energético para el organismo.

Una forma de llegar a un consenso sobre lo que es sedentarismo consiste en realizar encuestas sobre conductas. Encuestas que puedan medir el tiempo en el que una persona permanece realizando actividades que no significan gastos energéticos. El tiempo, por ejemplo, que pasa sentada en el puesto de trabajo y sin movilidad alguna.

Caída histórica de la actividad física

Desde principios de la década de 1960 y hasta el día de hoy, el consumo medio de energía por actividad física, en las sociedades desarrolladas occidentales, se ha reducido en 175 kilocalorías/día. Algo que, traducido en términos de rendimiento físico, supone un 20 % menos de actividades físicas por término medio, en cada jornada.

A pesar de la buena prensa que tiene el ejercicio físico regular, en la sociedad moderna, lo cierto es que la inactividad física sigue siendo un mal de salud muy extendido y que se incrementa a pasos agigantados. La misma Organización Mundial de la Salud, en un informe elaborado en 2010, hablaba de 3,2 millones de fallecimientos al año, en todo el mundo, como consecuencia de la falta continuada de actividad física. O, lo que es lo mismo, un 6 % de las muertes totales, solo superadas por la hipertensión, los efectos del consumo de tabaco y la diabetes.

Un estudio del British Medical Journal, elaborado para una guía de salud pública, aventura más datos en la misma línea. De seguir estos registros, en 2030, la actividad física diaria caerá un 35 %, con respecto a la de 1960.

El mismo estudio es un reflejo de la preocupación de las autoridades sanitarias por el desarrollo del sedentarismo y la salud ocupacional. La divulgación de los datos del estudio británico quiere ser un toque de atención para las empresas y formas en las que se desarrolla el trabajo en las compañías.

A pesar de que, fuera de la jornada laboral, se puede ser muy activo, físicamente, permanecer inmóviles, en el momento de realizar un trabajo, durante ocho horas, en la oficina, puede pasar factura al organismo.

De este modo, se pueden desarrollar problemas cardiovasculares, diabetes, ciertos tipos de cánceres y, por extensión, se puede ocasionar la muerte prematura, además de una mala salud laboral que genere absentismo laboral. Tal vez la verdadera piedra de toque para las empresas que no se pueden permitir cambios de personal repentinos en su esquema de trabajo.

Ejercicio

Es público que hacer deporte es bueno para la salud, pero también está meridianamente claro que hacer poco ejercicio y permanecer durante largas horas sentado frente a una mesa de trabajo es una combinación nefasta.

Las personas que permanecen durante su jornada laboral más tiempo sentadas son también las que tienen el doble de posibilidades de desarrollar una diabetes del tipo 2 o algún tipo de enfermedad cardiovascular. Aún más, un 13 % podría sufrir cáncer, en algún momento de su vida, y hasta un 17 % podría llegar a tener una muerte prematura.

Estudios médicos realizados por los especialistas de la Unidad de Prevención Cardiovascular del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud sobre trabajadores expuestos al sedentarismo demostraron que quienes realizan menos actividades físicas en el puesto de trabajo están más expuestos a las inflamaciones y la resistencia a la insulina.

De hecho, los trabajadores que son más sedentarios tienen, por regla general, índices mayores de masa corporal en la zona de la cintura, así como presiones arteriales asistólicas también mayores.

Una circunstancia añadida a este cuadro es la llamada sarcopenia, que se define como una pérdida paulatina de masa muscular. La lista de problemas de salud relacionados con el sedentarismo es larga.

En otros casos, se han detectado fluctuaciones de tipo cognitivo, que se revelan en los planos psicológico y neurológico del individuo afectado y también pueden tener consecuencias, a largo plazo, para mantener el puesto de trabajo.

El ejercicio en las empresas no solo puede ayudar a mejorar las condiciones de productividad, sino que también podrá colaborar en la prevención de enfermedades que son incompatibles con un buen rendimiento en el trabajo, como los cambios en el humor, las pérdidas de memoria o, incluso, la depresión.

El objetivo de cualquier estrategia en contra del sedentarismo en las empresas pasa por la invitación de los gestores de las empresas a que sus empleados pasen menos tiempo sentados, por que les ayuden a evitar estar largas horas sentados. Pero también por recomendarles dietas saludables, reducir las condiciones de estrés y, por supuesto, por dejar de fumar y tomar bebidas alcohólicas.

Recomendaciones

Una recomendación para los trabajadores de las empresas es pasar, al menos, dos horas de su jornada laboral levantado o caminando de forma ligera. La sugerencia es que estas actividades se puedan prolongar por espacio de cuatro horas, cada día. Aún estando de pie, otra recomendación es realizar algún tipo de movimiento con desplazamiento del cuerpo. La idea es no estar parados.

Una forma de incitar a la movilidad, en el puesto de trabajo, es adoptar mobiliarios y un entorno inmediato de equipamientos que permitan realizar tareas tanto sentados como de pie. Un 90 % de los trabajadores de los países escandinavos tiene este tipo de diseños en sus oficinas.

Una fórmula útil, pero, en modo alguno, viable, para reducir el sedentarismo, es añadir pedales bajo las mesas de trabajo. Son complementos que si bien harían mucho a favor del ejercicio, no deja de ser menos cierto que contribuirían a la distracción de la fuerza laboral e ineficacia de las tareas.

La evidencia dice también que caminar durante, al menos, dos horas no es casi nunca compatible con el desempeño de un buen ritmo de trabajo, como tampoco puede serlo estar a disposición de todas las actividades laborales.

Solo hay que echar un vistazo a los detalles de las estadísticas laborales de cualquier país desarrollado, para caer en la cuenta de cómo la salud laboral mueve millones. Millones de horas y días perdidos por enfermedades laborales, dolores de espaldas o musculares y malas posturas en el puesto de trabajo. Son dolores aumentados por la falta de ejercicio regular con el que fortalecer esas zonas del cuerpo.

Sea cual sea la estrategia que adopten las empresas más concienciadas con las consecuencias del sedentarismo en el medio laboral, el envejecimiento prematuro y la merma de las capacidades cognitivas y físicas de sus trabajadores se pueden convertir, indirectamente, en números rojos, en las cuentas de resultados de las empresas.

Porque la salud laboral es también la salud de la empresa y, cuando sus trabajadores pierden dinamismo, también cae el de la compañía.

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