Argumento y empatía: elementos clave para una comunicación inspiradora

Argumento y empatía: elementos clave para una comunicación inspiradora
Según Álvaro González-Alorda, la comunicación eficaz y las conversaciones inspiradoras se pueden conseguir uniendo la empatía y los argumentos de calidad

La comunicación eficaz es una de las asignaturas pendientes, tanto para muchas personas como para muchas empresas y numerosos países. En un mundo que cada día se encuentra más interconectado a través de Internet y las redes sociales, cada vez existe menos comunicación real.

Álvaro González-Alorda, autor del libro El Talking Manager: cómo dirigir a personas a través de conversaciones, expresa en su libro la necesidad que tienen los líderes de adquirir competencias de comunicación adecuadas. La conversación es un don que, según Alorda, se ha ido perdiendo y es necesario recuperar. Las buenas conversaciones hacen que existan buenas relaciones.

En su libro elaboró una matriz de cuatro cuadrantes donde pretende explicar cómo es una buena conversación. Debido a que la calidad del liderazgo de una persona depende directamente de la calidad de sus conversaciones, es importante conocer cuáles son los dos factores fundamentales que hacen que una conversación sea inspiradora: empatía y argumento. A continuación, se explica cómo se relacionan estos dos conceptos para tener una conversación de calidad.

Conversaciones reales

Lo primero que quiere destacar el autor en su libro y en su teoría de la argumentación y la empatía como objetos fundamentales de una conversación, es que las conversaciones deben ser reales; es decir, cara a cara. Cada vez es más común que se envíen correos electrónicos o mensajes a través de las redes para resolver los asuntos.

Huir de las conversaciones cara a cara es una costumbre que muchos han tomado porque no quieren pasar por la incomodidad de una situación que no controlan. También puede ser debido a que en el colegio no se enseña a conversar. Por eso, al no saber cómo hacerlo, resulta más cómodo evitarlo.

Las conversaciones inspiradoras que se mantienen cara a cara pueden cambiar las vidas de las personas que las tienen. Por eso, resulta de vital importancia como líderes, o simplemente como personas, aprender a utilizar la conversación como una herramienta a nuestro favor. La cuestión es cómo ser capaces de hacerlo.

La matriz de las conversaciones

En su libro, Álvaro González-Alorda expone una matriz de cuatro cuadrantes. Los dos elementos que se analizan son la calidad de los argumentos que se exponen en la conversación y la empatía hacia el otro interlocutor.

Argumentar de manera correcta implica defender una idea o una opinión aportando razones que justifiquen esa postura. Una buena argumentación puede servir para justificar los comportamientos, persuadir a otros de un punto de vista, influir en sus comportamientos o, incluso, como base para tomar una buena decisión.

Cuando se mantiene una conversación bien argumentada con una persona, resulta posible que esa persona cambie su forma de pensar. Esto se debe a que los argumentos le han ayudado a razonar sobre un tema y le han motivado a cambiar de opinión. En cierto modo, la argumentación forma parte del lado racional y objetivo de la conversación.

La empatía, por otro lado, constituye un elemento clave del lado emocional y sentimental de la conversación. Es la parte subjetiva, donde se debe tener más cuidado. Tener empatía es contar con la capacidad de compartir, percibir y comprender lo que otra persona puede estar sintiendo en un momento dado.

En el caso de las conversaciones, la empatía se basa en comprender los sentimientos de la otra persona, saber que puede pensar o sentir diferente a uno mismo y tener en cuenta estos sentimientos para utilizar las palabras correctas.

Pero quizá sea oportuno preguntarse cómo se relacionan estos dos conceptos en el mundo conversacional. La unión de estos dos elementos puede dar cuatro tipos de resultados: desgaste, rechazo, calentón e inspiración. El objetivo de toda conversación es llegar al punto de inspiración. Es preciso saber de qué manera.

Desgaste

El desgaste en una conversación tiene lugar cuando el nivel de argumentación es bajo y también lo es el nivel de empatía. Este tipo de conversación son las que parecen una auténtica pérdida de tiempo. Ambos interlocutores en una conversación de este tipo terminan tremendamente desgastados.

Cuando no existe una argumentación válida y tampoco hay empatía por el interlocutor, la conversación no resulta nada inspiracional. De hecho, se trata de un tipo de conversación que podría evitarse totalmente. No aporta nada positivo a ninguno de los dos interlocutores y, en la mayoría de las ocasiones, es interpretada por ambos como una conversación que se habría podido evitar.

Rechazo

Puede ocurrir que durante una conversación haya una gran argumentación, totalmente fundamentada en principios lógicos. Sin embargo, si la empatía es muy baja o nula, puede generar rechazo en uno de los interlocutores. El hecho de lanzar una serie de argumentos de forma indiscriminada no hace que una conversación sea inspiradora.

Si no se tienen en cuenta los sentimientos, los pensamientos y las opiniones del interlocutor, sino que simplemente se expresa de forma autoritaria una forma de ver el problema, se conseguirá un rechazo. Desde luego, a nadie le agrada que le echen un sermón sin ningún tipo de empatía, aunque se trate de un sermón muy bien argumentado.

Calentón

Estas conversaciones son muy típicas, sobre todo entre personas que cuentan con una confianza importante. Se trata de conversaciones en las que el nivel de emoción es muy alto, aunque la argumentación es pésima. El autor se refiere a ella como calentón o, también, como explosión.

Este es el tipo de conversaciones que suelen echar a perder amistades y relaciones de toda la vida. También son el tipo de conversaciones de las que más se suelen arrepentir las personas con el tiempo.

Se trata de conversaciones donde las reacciones son totalmente improvisadas y no pasan por el raciocinio antes de salir a la luz. Este es el tipo de conversaciones que, tras un tiempo, hacen sentir vergüenza a quienes explotaron en ellas. Por eso es muy importante evitarlas y centrarse lo más posible en tener conversaciones como las que se describen a continuación.

Inspiración

Tener una buena conversación es un arte en el que se deben combinar de forma equilibrada la argumentación y la empatía. Por eso, cuando se tiene una conversación en la que la capacidad de argumentación y el grado de empatía son altos, resulta tan inspiradora.

La mejor manera de inspirar a una persona, a un equipo o a un interlocutor de cualquier tipo es mantener conversaciones donde se dan razones válidas para defender una idea, pero también se da la oportunidad de expresarse a la otra parte. Es la única forma en la que se consigue llegar a una verdad común y construir puentes.

El objetivo de la comunicación eficaz es conseguir este tipo de conversaciones inspiracionales. Sin embargo, esto es imposible si antes no se ha preparado adecuadamente la conversación. Esto no significa saber lo que va a ocurrir, sino tener preparada la argumentación que se va a seguir y ser consciente de que el inerlocutor también puede tener una opinión diferente.

El hecho de que una conversación sea inspiradora no quiere decir que la persona con la que se habla vaya a cambiar su parecer. Si se habla con un amigo que está tomando malas decisiones, es necesario respetarlo si decide seguir tomándolas. De hecho, estas conversaciones se caracterizan en gran medida por la cantidad de libertad que se le ofrece a la otra persona para tomar sus propias decisiones en cuanto a las opciones que se le proporcionan.

Lo que no es una conversación

La vida son conversaciones. Por eso, para tener una comunicación lo más eficaz posible, es necesario distinguir lo que sí es una conversación de lo que no. A continuación, se presentan algunos puntos que identifican a aquel cruce de palabras que no es una conversación, según Álvaro González-Alorda:

  • Hablar sin parar y no dejar hablar a la otra persona no es una conversación, es un monólogo y suele resultar también bastante egoísta en ocasiones. Ya que, en la mayoría de casos, no solamente se habla mucho, sino que no se escucha nada al interlocutor.
  • Dar por hecho o presuponer cuál es la postura de la otra persona ante un tema, cuáles son sus intenciones y sus pensamientos sin darle la oportunidad de que los explique no es una conversación.
  • Pedir un consejo sobre algo para lo que ya se ha tomado una decisión, no solamente no es una conversación, sino que además expresa una falta de empatía hacia el tiempo de la otra persona y sus energías, queriendo hacerla ocuparse de algo que ya está resuelto.
  • Utilizar indirectas para abordar un problema en lugar de sentarse y hablar las cosas de forma clara y concisa.
  • Subir el tono de voz y elevar el nivel de ademanes y gestos para hacerse escuchar mejor, llegando incluso a utilizar un lenguaje verbal y físico intimidatorio.

Es sumamente importante para tener una comunicación eficaz conocer cuáles son las diferencias entre una conversación inspiradora y cualquier otra. La empatía debe estar presente para entender al interlocutor y sus sentimientos, pero también la argumentación debe estar bien fundamentada. De esta forma es posible tener conversaciones inspiradoras que cambien la vida de otras personas y, si no, que al menos cambien la nuestra.

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