Cómo ser un líder ágil, creativo y flexible

Como ser un líder ágil creativo y flexible
Guía práctica para convertirte en un líder ágil, creativo y flexible impulsando la creatividad y la productividad dentro de la empresa.

Contar con un líder ágil, sin duda es estar un paso adelante para poder tener resultados positivos en cualquier ámbito laboral. Además, si se trata de un líder que trabaja inspirado por la creatividad y la productividad, es posible que el logro de los objetivos sea seguro.

Todas las empresas o marcas se mantienen en la búsqueda del mejor talento posible, con la intención de que personas competentes y profesionales sean parte de su equipo de trabajo. Sin embargo, las virtudes de un empleado no podrán ser aprovechadas de la mejor manera, sin contar en la dirección con un líder ágil, creativo y flexible.

En muchas oportunidades, la figura del líder dentro de una empresa, es confundida con una posición de poder o con simplemente la tarea de dar órdenes. Ser un líder va más allá de eso, y su liderazgo, dependerá de sus habilidades para reconocer el talento en otros y aprovecharlo al máximo, en pro de la compañía y la gestión de la empresa.

La manera en que hoy se manejan los negocios, sin importar el ámbito, requiere que las empresas tengan líderes que se adapten a las condiciones actuales; las cuales implican no solamente la dirección y el liderazgo de un profesional en la materia, sino un líder ágil que apele a la creatividad y la flexibilidad.

En tiempos como los de ahora, en los que las cosas cambian rápidamente y el entorno laboral se enfrenta a tantas incertidumbres, se necesita una forma de liderazgo lejos de la tradicional y más cercana a una más flexible y adaptada a las nuevas formas de trabajo.

No es lo mismo ser jefe que líder

Es muy común confundir el trabajo de un líder con el de un jefe, no solamente por los empleados y subalternos, sino incluso por la misma persona que ocupa ese cargo dentro de la empresa. 

Podría parecer que es algo obvio tener que recordar las diferencias de ambas cosas, pero a pesar de que durante los últimos años ha surgido una nueva generación de líderes que han traído consigo un cambio en las organizaciones, muchos siguen sin diferenciar un jefe de un líder, comprometiendo la productividad de las compañías.

Un jefe puede ser líder, sí. Para que ambas cosas se den en la misma persona, es necesario comprender lo que implica cada una de ellas. Un jefe, es aquel que tiene un cargo, un puesto de trabajo, con una autoridad formal sobre otro; un verdadero líder tiene sobre otros una influencia positiva, para generar buenos resultados.

Teniendo esto en cuenta, la diferencia principal radica en que un líder no necesariamente tiene que contar con una autoridad, aunque, efectivamente, muchos jefes son excelentes líderes para sus equipos de trabajo.

El liderazgo en un jefe se evidencia cuando, además de hablar, comunicar y dirigir, también tiene la habilidad para escuchar a sus empleados o compañeros de trabajo, tener en cuenta sus propuestas y alimentar el espíritu del equipo, más que el propio.

El jefe puede contribuir con la productividad de la empresa, si realmente dirige desde el liderazgo y no desde la autoridad.

Dentro del campo empresarial, generalmente los líderes suelen ocupar cargos de dirección, supervisión o coordinación, pero su liderazgo es positivo cuando más allá de imponer su jerarquía en el equipo de trabajo, trata de integrarse a él, recurriendo a la empatía y al entendimiento de sus necesidades y habilidades, para lograr las metas establecidas.

Por otro lado, hay muchos casos en los que los mejores líderes de la empresa no ocupan cargo jerárquico en comparación a sus compañeros, sin embargo, al tener virtudes como las que hemos descrito anteriormente, pueden dirigir al equipo y también lograr buenos resultados.

La necesidad de un nuevo liderazgo en las organizaciones

Si hay un momento en la historia que ha requerido la implementación de nuevas formas de liderazgo es este. Teniendo en cuenta factores económicos, sociales, culturales y la reciente crisis sanitaria por el COVID-19, los líderes se han visto en la necesidad de reinventarse para adaptarse a las nuevas formas de trabajo y mantener los niveles de productividad.

Durante momentos de crisis como los que se han vivido en los últimos años, la necesidad de un nuevo liderazgo es aún mayor y cuando la empresa carece de una figura como esta, sin duda se hace sentir, comprometiendo la productividad dentro de cualquier ámbito laboral.

Enfrentar situaciones como las que se han presentado últimamente, en las que la incertidumbre e incluso el miedo se apodera del equipo de trabajo, ha implicado todo un cambio de mentalidad y métodos cuando se trata de liderazgo. 

Según el análisis de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), el liderazgo empresarial después la aparición del COVID-19, se vió en la necesidad de reinventar a sus líderes para impulsar la productividad y la creatividad como estrategia.

En entornos de niveles altos de conflicto y trabajo bajo presión, la forma de liderazgo vertical se hace débil ante el horizontal. Por lo que en contextos tan complicados como los que se están viviendo actualmente, el líder tradicional pierde espacios y da lugar a la necesidad de contar con un líder ágil, creativo y flexible.

Factores como la flexibilidad y la creatividad, han jugado un papel importante en las decisiones que se han tomado recientemente ante adversidades que van cambiando cada minuto. Es por eso que los líderes han tenido que dejar atrás su estructura básica de dirección y estrategias orquestadas para problemas concretos.

La perspectiva empresarial ha dado un cambio total, invitando a las viejas y nuevas generaciones a dejar a un lado la programación convencional, cuadrada y tradicional, para desarrollar habilidades y nexos que les permitan a cada persona, convertirse en un líder ágil, capaz de reaccionar de manera inmediata con acciones más flexibles.

La figura del líder está entendiendo que las estrategias y soluciones en momentos de crisis como los que se han vivido últimamente, no son las mismas que en circunstancias normales. Ha entendido que es necesario el cambio y la reinvención para realmente convertirse en ese líder ágil que las compañías hoy en día están necesitando.

¿Qué es ser un líder ágil?

Justamente por esa necesidad de cambiar las estrategias de liderazgo y adaptarlas al panorama actual que se vive dentro de las empresas, ha surgido el término “liderazgo ágil”, como una propuesta de cambio y reinvención en cómo los líderes están dirigiendo a las compañías y sus equipos.

El líder ágil es aquel con la capacidad de actuar de manera rápida ante los cambios repentinos, la habilidad de anticiparse a ellos, e incluso de proponerlos. Un liderazgo es ágil, cuando existe una habilidad de dirigir bajo condiciones de trabajo bajo presión o un entorno laboral complejo. 

Estrategias como esperar que las cosas se calmen para tomar la mejor decisión, ya no parece ser la táctica ideal para tiempos como los que se están viviendo actualmente. Es por esta razón que la creatividad y la capacidad de adaptación son parte esencial para definir a un líder ágil.

La reacción inmediata y la improvisación, también van de la mano con lo que significa ser un líder ágil; no solo como una estrategia propia, sino como una tendencia para resolver problemas e impulsar a su equipo de trabajo a lograr los objetivos de manera exitosa y en conjunto.

Un líder ágil sin duda se permite aprender todos los días, investigar sobre las nuevas tendencias y avances en su área, y se permite mantener una mentalidad abierta y alerta para poder enfrentar la volatilidad del mercado y de los negocios.

Actualmente, desde las pequeñas hasta las más grandes compañías, están surfeando la ola de la transformación digital y la reinvención del liderazgo. Ante las situaciones críticas en este momento, están tratando de llevar a cabo exitosamente su modelo de negocio actual y al mismo tiempo, permitir la experimentación con modelos nuevos.

Según el estudio “Why agility pays” de McKinsey,  solo el 12% de las empresas consiguen llevar exitosamente la combinación de su modelo de liderazgo tradicional, con la velocidad del modelo de liderazgo actual que requiere el mercado. McKinsey manifiesta que el líder ágil debe combinar sus capacidades estabilizadoras y sus capacidades disruptivas.

¿Qué hacer para convertirse en un líder ágil?

Convertirse en un líder ágil tiene como prioridad, entender realmente de qué va esa agilidad y comprender por qué es necesario reestructurar su pensamiento en cuanto a liderazgo se refiere.

Para cambiar, primero es necesario querer hacerlo; esto implica comprometerse con la dirección de la empresa y de su equipo, así como también permitirse utilizar otros recursos que quizás bajo el liderazgo tradicional, no se tomaban en cuenta.

La disposición al cambio y a la reinvención, es fundamental para poder comprender que la agilidad en el liderazgo, hoy resulta clave para poder enfrentarse a los cambios constantes en el mundo empresarial, en cualquiera de sus ámbitos. 

Hoy las empresas se enfrentan a un panorama cambiante, complejo e impredecible, por lo que ya las formas de liderazgo tradicional están quedando obsoletas y es necesario que cada compañía cuente con un líder ágil en sus equipos.

Estar dispuesto a crear, innovar y adaptarse

No será posible convertirse en un líder ágil, si no se usa la creatividad como inspiración y motivación. Implementar métodos de liderazgo automatizados sin fomentar la creatividad tanto a la directiva como al resto de los empleados, no permitirá sembrar una cultura ágil dentro de las empresas.

Un líder ágil debe construir y mantener un entorno de trabajo con cultura de motivación a experimentar, a colaborar y al aprendizaje continuo. Solo se podrá ejercer un liderazgo ágil si se está dispuesto a adaptarse a las nuevas tendencias, a investigar, mirar hacia los lados y crear un ambiente de cooperación con el equipo de trabajo.

Ser flexible, empático y compasivo

El nivel de productividad de un líder ágil dependerá en gran parte de cómo es, más allá de lo que hace. Es por esta razón, que además de sus habilidades y resultados cuantitativos, son sus actitudes y cualidades factores claves para convertirse en uno y lograr su gestión.

Para lograr ser flexible y empático, será necesario dejar a un lado el control. Aún cuando el líder pueda tener una posición de dirección o supervisión, es necesario empatizar con los empleados y su equipo de trabajo a un mismo nivel, escucharlos, tenerlos en cuenta al momento de tomar decisiones y apoyarlos desde los primeros pasos.

A través de la flexibilidad y la empatía, se podrán mejorar las habilidades interpersonales del equipo y a cambio, el líder ágil recibirá el mayor nivel de productividad.

Crear ciclos de aprendizaje permanentes

Un líder ágil no puede seguir resolviendo problemas actuales con herramientas del pasado. Por esta razón, es necesario crear sistemas de capacitación constantes tanto para los líderes como para el resto de los empleados.

Muchas de las empresas quedan rezagadas, porque el constante cambio del entorno empresarial, requiere continuamente nuevas herramientas, nuevas tecnologías, estrategias, nuevos puntos de vista y soluciones. El liderazgo ágil debe incluir el aprendizaje continuo como técnica de adaptación, para poder captar toda esta nueva información y establecer propuestas para aplicarlas a la compañía.

Estar presente y generar retroalimentación

Las personas en posiciones de liderazgo suelen estar ausentes en ciertas tomas de decisiones, al delegar en otros muchas de sus actividades y tareas. Delegar trabajo no está mal, sin embargo, una importante característica de un líder ágil, es la capacidad de involucrarse en los procesos y de hacerse sentir al momento de tomar las decisiones.

Generar un feedback con los empleados, también es crucial para crear una cultura ágil dentro de una empresa, en la que puedan recibir de su líder una respuesta inmediata a sus acciones. Un líder ágil debe estar en la capacidad de tomar una acción rápida ante las situaciones y esto solo será posible si se evalúa constantemente los resultados.

El liderazgo como se conoce ha sufrido una transformación para generar en los líderes la voluntad de adaptación a un panorama de constante cambio, complejidad e incertidumbre.

La cultura de agilidad organizacional en los equipos y sus líderes, debe ser impulsada por personas dispuestas a responder rápidamente a las necesidades presentadas y recurrir a otras estrategias alternas al liderazgo tradicional.

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