¿Conciencia social o marketing empresarial? Hablamos del problema de la brecha salarial

La brecha salarial está siendo reducida gracias a la legislación promovida por el gobierno para atender las demandas feministas de igualdad salarial

El tema de la brecha salarial es un asunto de máxima actualidad. El diferencial de retribución entre hombres y mujeres que desempeñan el mismo puesto por el mero hecho de tener un sexo diferente está en el punto de mira del legislador laboral.

Tanta importancia ha adquirido la discriminación por razón de sexo y tan difícil de eliminar parece a la hora de la firma de los contratos de trabajo de las mujeres, en una sociedad que pretende llamarse justa, que el gobierno ha regulado este problema con el Real Decreto-ley de medidas urgentes para la igualdad entre mujeres y hombres en el empleo.

De hecho, la ley justifica su pleno sentido cuando en la exposición de motivos argumenta que “Esta situación de desigualdad, visible en la brecha salarial que no ha sido reducida en los últimos años, exige una actuación urgente y necesaria por parte del Estado, puesto que la mitad de la población está sufriendo una fuerte discriminación y está viendo afectados sus derechos fundamentales”.

El artículo central de la legislación antes referida es el 28, que lleva por título «Igualdad de remuneración por razón de sexo» y obliga al empresario a llevar un registro con los valores medios de los salarios (incluyendo los complementos salariales y las percepciones extrasalariales) de sus trabajadores, de forma desagregada por sexo y puestos de trabajo iguales o de igual valor.

Además, en el caso de empresas de más de cincuenta trabajadores, si el promedio de las retribuciones a los trabajadores de un sexo supera a los del otro en un veinticinco por ciento o más, el empresario deberá justificar dicha diferencia para explicar que no se trata de una discriminación de tipo sexual.

Conciencia social

La unión y lucha de las mujeres canalizadas a través de movimientos feministas, junto a la observación de diferencias salariales evidentes a favor del varón, ha concienciado a la mayoría de la sociedad de la necesidad de implementar medidas para fomentar la igualdad real de hombres y mujeres en el mundo laboral.

Puede decirse que la sociedad civil ha exigido a los responsables políticos poner fin a esta situación con sus manifestaciones en la calle. Además, partidos políticos, preferentemente de izquierdas, han incorporado esta medida dentro de sus programas electorales.

El hecho de dar visibilidad a la comparativa de los salarios masculinos y femeninos de cada grupo y categoría profesional obliga a las empresas a la transparencia y a asumir el coste que para la empresa puede suponer la transmisión de la discriminación a la opinión pública.

Ninguna compañía quiere ser etiquetada como explotadora de la mujer. Por esto, es muy posible que el cumplimiento de la legislación incentive a las empresas a aumentar la remuneración de sus trabajadoras.

No obstante, el artículo 28 antes comentado permite justificar la discriminación aparentemente sexual. El empleador tendrá que justificar y explicar que una determinada trabajadora si cobra menos es por otras razones distintas del hecho de ser mujer. Todavía queda mucho directivo machista en las empresas españolas, dado que la alta dirección de las empresas está mayoritariamente en manos de los hombres.

La historia muestra que las situaciones de injusticia social se consiguieron revertir a costa de luchas, manifestaciones y vidas humanas incluso. El legislador va detrás de los movimientos sociales y legisla para solucionar el conflicto social sacado a la luz. El peso de la historia es el que está obligando a dar estos pasos de lenta eliminación del maltrato retributivo a la mujer. Dicho esto, todavía queda mucho por andar para llegar a una igualdad retributiva efectiva de hombres y mujeres. Pero con la creación de la norma y su cumplimiento se empieza a recortar la brecha.

Marketing empresarial

Obligadas a cumplir con la ley, la mayoría de las empresas pretenden sacar una rentabilidad comercial del asunto. Para ello, venden el cumplimiento legal como un compromiso de la empresa con la igualdad real de los sexos.

Se sabe que muchas empresas del ibex son gobernadas por hombres que no gustan de ver ocupar a mujeres los puestos de dirección de la empresa. Los sillones de los consejos de administración, según ellos, deben ser para los hombres. Es una costumbre que debe superarse con más mujeres en los altos cargos, que se deben adjudicar en razón del mérito, a la mujer si es el caso. La nueva norma obliga a pagar igual a las directivas que a los directivos, pero eso no impide que las empresas de Ibex35 lo vendan como ejemplo de una empresa donde no hay brecha salarial.

Se inventó hace un tiempo una expresión para estos temas sensibles. Lo llaman responsabilidad social corporativa. Entre los temas sensibles están el reconocimiento y la retribución justa de las mujeres, el respeto al medio ambiente, las donaciones de dinero para obras de interés social, etc.

Muchos clientes premian a dichas empresas porque valoran positivamente estas contribuciones para una sociedad más justa en un planeta más ecológico y ético. Estos pasos son dados por las empresas por la fuerza de la ley.  Pero son rentabilizados en un doble sentido: subiendo puntos como corporación socialmente responsable y pudiendo vender más al posicionarse en la mente del consumidor como una buena empresa.

Las empresas se crean para ganar dinero. El mundo capitalista debe ser vigilado para permitir una convivencia menos egoísta en una sociedad civilizada. Lo económico seguirá siendo muy importante, pero debe evitarse un entorno laboral salvajemente económico.

La igualdad efectiva como horizonte

El fenómeno que ocupa en este artículo es ilustrativo de las contradicciones que encierra el capitalismo como sistema económico. La mano invisible de Adam Smith parece regularlo todo. El mercado mediante los mecanismos de oferta y demanda fija los precios. Precios de los productos y precio de la fuerza de trabajo. El factor trabajo es un coste para el empresario y si este se reduce aumenta el beneficio, objetivo primero de cualquier empresa.

Las empresas del Ibex35 deben rendir cuentas trimestralmente y deben vender bien sus resultados empresariales para que los compradores de acciones paguen un mayor precio y así aumentar la capitalización de la empresa. Los objetivos de justicia social casan mal con el egoísmo natural de quién pretende maximizar su beneficio, minimizando sus costes laborales todo lo posible.

Este sencillo razonamiento es el que hace desconfiar de las grandes empresas e impide verlas como buenas samaritanas que se preocupan por el prójimo, en este caso las mujeres. La explotación del trabajador es una tendencia natural de todo empresario. La patronal de empresarios siempre se queja cuando toca subir el salario mínimo. Y los partidos ideológicamente de centro-derecha siempre están promoviendo el liberalismoeconómico, que es injusto en mayor o menor grado. El Estado puede corregir algunas injusticias, pero eso no deja de ser un paso limitado en la carrera hacia una sociedad lo más igualitaria y justa que sea posible.

Las dos reglas del juego

Las reglas de juego que a lo largo de la historia se han dado a sí mismos la mayoría de países del planeta son maravillosas sobre el papel, pero imperfectas en su implantación real. Se trata de la regla del capitalismoy la regla de la democracia.

La democracia es el mejor sistema político posible que puede tener cualquier sociedad para funcionar. Y el capitalismo parece un maravilloso sistema que con el dinero en el centro permite el comercio y el intercambio en unas economías que se regulan según las ideales leyes de fijación de precios que son la oferta y la demanda. Pero el capitalismo desgraciadamente pesa más que la democracia y la instrumentaliza para que no sea contraria a los intereses de las multinacionales y amos del mundo.

Por este desequilibrio en la balanza de fuerzas entre lo democrático y lo económico es tan difícil que la democracia sirva de contrapeso y corrija las injusticias sociales. Por eso el progreso hacia la igualdad efectiva de hombres y mujeres (junto a otros progresos necesarios y más generales como la no explotación de los trabajadores ni la explotación de los países del tercer mundo) es demasiado lento.

Los lobbies de poder financian a los partidos políticos que gobiernan las naciones, las instituciones comunitarias y los organismos internacionales. Y los políticos tras su paso por el gobierno acaban en los sillones de las empresas de Ibex35. En este contexto político económico solamente las reivindicaciones defendidas por la mayoría social, como la igualdad salarial de las mujeres respecto a los hombres, serán impulsadas por el legislador.

La sociedad civil y los movimientos sociales

Internet ha revolucionado las posibilidades de movilización social. Las manifestaciones son de fácil convocatoria, las redes sociales ayudan a la difusión. Existen muchas plataformas donde expresar nuestra disconformidad. La sociedad civil puede exigir a sus gobernantes que son sus representantes de esta manera muchas más medidas de justicia social.

Gracias a la presión de feministas y a Internet, la alta dirección y los políticos tienen una mayor conciencia social y dirigen sus empresas y las democracias con la vigilancia de los ciudadanos, a los que deben rendir cuentas y a los que no se puede despistar tan fácilmente como en épocas pasadas.

Internet, sin duda, ha ayudado a las democracias en su función de contrapoder de los intereses de las élites económicas y los intereses patronales en un mundo irremediablemente capitalista.

 

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