Economía colaborativa y desarrollo sostenible

Economía colaborativa y desarrollo sostenible
La economía colaborativa promete ser la clave para el desarrollo sostenible de los más necesitados. Sin embargo, también nos enfrenta a nuevos retos

La economía colaborativa ha supuesto un nuevo modo de entender el mercado, e incluso la propiedad. Facilitada por las redes sociales y las plataformas digitales, esta nueva forma de consumo se basa en la idea de que para disfrutar de algo no es necesario poseerlo. Es más fácil y económico compartir que adquirir.

Por supuesto, existen múltiples teorías sobre el fundamento de la idea de compartir.

  • Hay quien defiende que es una manifestación de la naturaleza social humana.
  • Otros entienden esta forma de consumo como una respuesta respetuosa con el entorno y el medio ambiente.
  • También hay quien afirma que compartir no es más que un método eficaz para satisfacer deseos personales.

Estos y otros planteamientos son perfectamente legítimos. A fin de cuentas, la economía colaborativa permite obtener réditos tanto personales como sociales. Por eso, no importa qué motivación lleve a “compartir”, sino que al hacerlo se genere una relación de “ganar-ganar”.

Sin embargo, detrás de este prometedor modelo económico, aparecen nuevos riesgos y retos, a los que la sociedad tendrá que dar respuesta próximamente. Así, las plataformas de economía colaborativa presentan externalidades, como cualquier otra compañía.

En España, este extremo ha sido particularmente perceptible en los sectores turístico e inmobiliario, que han puesto la alerta sobre la cuestión de la sostenibilidad de las plataformas de economía colaborativa. El ejemplo más patente de estas externalidades es el conocido como “efecto Airbnb”, que ha llevado a la gentrificación de múltiples barrios residenciales, amenazando, irónicamente, el desarrollo sostenible del turismo.

¿Qué es la economía colaborativa?

Por economía colaborativa se entiende la interacción entre varios consumidores para satisfacer necesidades comunes. Las plataformas digitales, las redes sociales, los dispositivos inteligentes y el concepto del software as a service, han favorecido este tipo de modelo, acercando a los usuarios las herramientas para dar vida a una nueva forma de vida: compartir, no poseer.

El nuevo paradigma destaca por sus formas de consumo colectivo. Así, se conciben nuevas formas para disfrutar de bienes y servicios sin ostentar necesariamente su propiedad. En esta colectivización del consumo se ha intentado vislumbrar una solución a los problemas de reparto y desigualdad globales, mediante una propuesta de desarrollo sostenible.

El término “economía colaborativa” fue acuñado por Ray Algar, en un artículo publicado en abril de 2007 en Leisure Report. Desde entonces, cada vez más expertos han recurrido al término, que ha sorprendido al mundo. Este fenómeno se importó a España por vía del sector turístico, en torno a 2012. Desde este sector, fue expandiéndose a los del transporte e inmobiliario.

Por supuesto, el nuevo modelo presenta nuevos retos. Su potencialidad (la revista Time no dudó en incluir la economía colaborativa entre sus “10 ideas que cambiarán el mundo”) conlleva dificultades regulatorias, lo que a su vez implica inseguridad, al desconocerse cómo reaccionará el legislador frente a la evolución de los proyectos colaborativos.

En esta línea, la Unión Europea emitió en 2014 un dictamen, proponiendo regular el consumo colaborativo, dados los problemas y movilizaciones que se han derivado de la expansión de plataformas como Uber, Blablacar o AIRBNB.

Sector del transporte y economía sostenible: Cabify

¿Es Cabify sostenible? Como en el caso de cualquier plataforma de economía colaborativa, sus responsables de comunicación afirman una y otra vez que Cabify representa una opción sostenible y beneficiosa para el transporte urbano. Esta compañía española intenta reducir costes de transporte urbano, conectando a sus usuarios por medio de su app.

Hace menos de un mes, la compañía organizó una mesa redonda a la que asistieron otras plataformas del sector, como Uber, eCooltra o Car2Go. En esta reunión se trataron importantes aspectos sobre el transporte urbano sostenible. Cabify y las demás compañías hablaron de la digitalización del sector, de urbanismo, de vehículos autónomos…

Uno de los objetivos de la reunión era, precisamente, debatir cómo regular la nueva forma de entender el sector del transporte urbano. Y, en este sentido, el representante de la CNMC manifestó su interés por este modelo de negocio, al tiempo que señalaba la necesidad de regular el sector. En este sentido, hay que destacar que acudieron representantes de la DGT y determinados partidos políticos. Por tanto, cabe suponer que las plataformas de economía colaborativa van a estar presentes en futuros proyectos del legislador.

Cabify acostumbra a buscar el apoyo de interlocutores sociales, políticos y económicos a la hora de diseñar sus campañas, para poder revertir en beneficio social. En este sentido, es habitual que lleve adelante acciones de prevención de riesgos e impactos de su actividad, como sus programas en favor de sus conductoras o el desarrollo de servicios específicos para personas con movilidad reducida.

Sector del turismo: ¿es Airbnb sostenible?

Muchos vecinos, asociaciones e instituciones de municipios y grandes ciudades españolas se han movilizado contra Airbnb a causa de la turistificación y gentrificación asociadas a su actividad. Han sido expulsados de sus hogares por el fenómeno de la gentrificación.

Sin ir más lejos, hace unos meses, varias capitales europeas se unieron para exigir a la Comisión Europea medidas correctoras del “efecto Airbnb”.

Por esa razón, el 18 de abril de 2018, la plataforma lanzó su Oficina Global de Turismo Sostenible. Airbnb pretende de este modo reducir su impacto negativo, potenciar circuitos turísticos alternativos y apoyar a las economías locales.

En su defensa, la compañía alega datos como que durante 2017, los anfitriones:

  • Destinaron el 43 % de los ingresos a cubrir gastos de mantenimiento de sus hogares.
  • El 6 % iniciaron nuevos negocios con los ingresos obtenidos.

Mientras que los huéspedes:

  • Manifestaron, en un 79 %, haber elegido Airbnb por la experiencia local.
  • El 42 % gastaron su dinero en el vecindario en el que se hospedaron, y el 53 % gastaron en estos negocios el dinero que se habían ahorrado en alojamiento.

El fenómeno de la gentrificación

La gentrificación es la cara oscura de la economía colaborativa aplicada a los sectores inmobiliario y turístico. Básicamente, consiste en la transformación de zonas residenciales en declive, mediante la reconstrucción, rehabilitación o instalación de nuevos usos sociales y económicos.

Su consecuencia es un incremento en los precios de los alquileres. Por ello, los residentes habituales se ven obligados a abandonar el barrio. De este modo, miembros de estratos sociales superiores, con mayor nivel adquisitivo que los anteriores residentes, pasan a habitar la zona gentrificada.

El fenómeno no es novedoso, pues puede rastrearse en la literatura de Engels, lo que ubica las primeras referencias en la Inglaterra del siglo XIX. Sin embargo, lo que sí es novedoso es cómo se ha acelerado gracias al conocido como “efecto Airbnb”.

Este efecto es el denunciado por los vecinos movilizados de los barrios turistificados, donde el uso del suelo pasa de residencial a vacacional, aumentando así su precio hasta niveles insostenibles para muchos residentes habituales.

Además, la transformación del uso del espacio conlleva el cierre de establecimientos tradicionales y su sustitución por negocios adaptados al nuevo uso. Así, cuando el “efecto Airbnb” lleva a la gentrificación de un barrio, es habitual que los negocios sean sustituidos por bares y locales de ocio, desplazándose servicios necesarios como ferreterías, consultorías o gabinetes de psicólogos.

Entonces, ¿permite la economía colaborativa el desarrollo sostenible?

Lo cierto es que la pregunta es tramposa, ya que, como hemos comentado, la economía colaborativa se basa en las relaciones de ganar-ganar, pero siempre tiende a haber alguien que gana más que el otro. Así, el acceso económico a infinitud de servicios es un fuerte incentivo para desarrollar conductas aparentemente colaborativas.

Por esa razón, la economía colaborativa podría serlo en un sentido más material que espiritual. Y, en la medida en que así ocurra, el nuevo modelo no es en absoluto garantía de un desarrollo sostenible. A fin de cuentas, un modelo sostenible requiere que el retorno social que genere cubra, al menos, sus externalidades.

Ocurre, sin embargo, que, en ocasiones, las inversiones sociales de estas compañías no persiguen neutralizar sus externalidades, sino otros objetivos como mejorar la imagen de marca o abrir mercados. Es el ejemplo del Memorándum de Entendimiento firmado entre AIRBNB y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La economía colaborativa como motor de economías en desarrollo

Sin embargo, no es extraño que el BID colabore con empresas de economía colaborativa. A fin de cuentas, hay quien plantea que la economía colaborativa puede ser el camino para que las economías en vías de desarrollo superen a las desarrolladas.

Quizás por ello, ciudades como Rio de Janeiro sean de las que más plazas de Airbnb ofrecen, o la plataforma Uber crezca en México a un vertiginoso ritmo del 20 %.

A fin de cuentas, la economía colaborativa permite ahorrar costes y hacer más eficientes las inversiones y el consumo. Esto puede propiciar que la calidad de vida de los habitantes de regiones económicamente poco desarrolladas se dispare, al permitir que grupos completos accedan a las prestaciones de las últimas innovaciones tecnológicas.

En conclusión, la economía colaborativa representa un nuevo paradigma económico que acarrea grandes promesas, pero también grandes retos. En el futuro cercano, habrá que preguntarse si nuestro modelo de consumo permite un desarrollo sostenible, colaborativo y socialmente enriquecedor o, por el contrario, es tan individualista como ha sido siempre, incluyendo las externalidades que se derivan de un uso (o abuso) más intensivo de los bienes y servicios.

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