¿En qué consiste la dirección por hábitos?

¿En qué consiste la dirección por hábitos?
El modelo de liderazgo está cambiando sobre todo a favor de la dirección por hábitos. En este artículo se profundiza en esto dando pasos y consejos

Uno de los modelos de liderazgo más innovadores es aquel que plantea su base en los hábitos. Así pues, podría hablarse de la dirección por hábitos como el resultado de la aplicación de esta técnica. Realmente, este tipo de dirección es uno de los que consigue mejores resultados. Sobre todo, a la hora de cohesionar los equipos y conseguir que se trabaje con eficiencia.

Por este motivo, en este artículo se va a profundizar acerca de en qué consiste este tipo de liderazgo o dirección y cómo conseguir llevarla a cabo.

Relación entre el liderazgo y los hábitos

El motor de un equipo siempre debe ser su líder. Y este debe saber cómo motivar a sus subalternos para que lleven a cabo sus labores de la mejor manera posible. Ahora bien, no cualquier líder es un buen líder.

Desde que se creó la primera empresa se está buscando un modelo de actuación adecuado para los líderes. Sin embargo, esto ha resultado prácticamente imposible dada la amplia variedad de matices que tienen las empresas entre sí. Independientemente de que pertenezcan al mismo sector o no.

Sin embargo, con la aplicación de la dirección por hábitos parece que se ha encontrado un sistema adaptable que permite un liderazgo inspirador para los diferentes equipos.

¿Qué son los hábitos?

El hábito es una inclinación que no tiene un origen natural o genético y que se basa en la repetición de acciones hasta que el individuo se acostumbra y se fortalece la repetición de dichas actuaciones.

De esta manera, hay que entender que los hábitos se adquieren únicamente con la práctica. No hay otra manera de adquirir estas habilidades, ya que si no se repiten de forma periódica, nunca se integrarán en la rutina y en el día a día de cada persona. Cabe destacar que las costumbres son similares al hábito.

Por otro lado, existen diferentes tipos de hábitos. Concretamente pueden distinguirse tres tipologías.

  1. 1.- Hábitos técnicos: como pueden ser dominar el balón, saber bailar, saber conducir o, aplicado al entorno laboral, saber cómo desarrollar las tareas propias del trabajo.
  2. 2.- Hábitos intelectuales: es decir, todas aquellas habilidades que se han adquirido a través de la práctica y la repetición. Puede ser el dominio de idiomas, de programas informáticos, la capacidad de razonamiento… La forma de pensar también es un hábito. Así pues, el ser optimista, desordenado, obsesivo o pesimista es un hábito.
  3. 3.- Hábitos del carácter: los que se refieren al comportamiento de las personas. La ética y moral de cada uno. Pueden ser positivos o negativos dependiendo de cómo se manifieste en la conducta final.

Algo destacable es que los hábitos intelectuales son rechazados por muchas empresas. Esto se debe a que los consideran una amenaza, ya que un trabajador que sepa razonar y pensar podrá traerles problemas si cuestiona las decisiones tomadas por la dirección empresarial.

No obstante, esto es un craso error, ya que un empleado con capacidad de raciocinio desarrollará una labor mucho más valiosa y de mayor calidad para la empresa. Además, tener una plantilla con buenos hábitos intelectuales obligará a la empresa a sacar lo mejor de sí misma.

Incidencia de los buenos hábitos en la vida profesional

La adquisición de buenos hábitos es muy importante porque modifica de forma radical al sujeto al sujeto que lo adquiere. Esto repercutirá en su desempeño laboral, mejorándolo drásticamente.

Por tanto, podría entenderse que los hábitos positivos ponen de manifiesto las capacidades de las personas y sus virtudes. El trabajador podrá superarse a sí mismo y crecer cada día gracias a estas tareas repetitivas.

Estas rutinas se adquieren o se eliminan mediante la educación. Así pues, aquel trabajador que quiera ser un buen líder deberá educarse en la adquisición de buenos procedimientos para desempeñar un liderazgo ejemplar.

Rutinas indispensables para un liderazgo ejemplar

Hay una serie de rutinas o hábitos que son indispensables para cualquier líder. El hecho de trabajar en la adquisición de dichas rutinas mejorará notablemente la forma en la que el encargado mejora su dirección.

  1. Hábito de información: un líder no puede conformarse con lo que cree que sucede. Debe informarse y estar al tanto de todo lo que ocurre entre sus subalternos. Solo así podrá dirigirlos adecuadamente impidiendo conflictos y resentimientos en el trabajo de su equipo.
  2. Hábito de la visión: que el líder sea capaz de visualizar qué es lo que quiere y ponerse manos a la obra para conseguir este objetivo.
  3. Hábito de los resultados: sin saber los resultados no hay mejora que valga. Así pues, el encargado de la dirección de un equipo deberá evaluar los resultados para poder ver dónde se está haciendo un buen trabajo y en qué hay que emplear medidas de mejora.
  4. Hábito de la delegación: nadie puede hacerlo todo. Por ello, es primordial tener la capacidad para delegar aquellas tareas que, o bien no se sepan hacer, o bien no se tenga tiempo para hacer. Cada miembro de un equipo estará especializado en un tipo de trabajo, por lo que es imprescindible confiar en su profesionalidad y dejarlo trabajar en lo que es experto. Por otro lado, hay que supervisar, pero sin adjudicarse un trabajo ajeno.
  5. Hábito del aprendizaje: en ningún momento una persona sabe absolutamente todo. Por tanto, es muy importante que un buen líder esté abierto a adquirir nuevos conocimientos que le permitan mejorar su dirección y su desempeño laboral. De esta forma, estará dando ejemplo a sus subordinados y les inspirará a hacer lo mismo.
  6. Hábito de la comunicación: el buen líder debe saber comunicarse. Atrás quedaron los tiempos de ese jefe autoritario que solo sabía dar gritos y hablar mal a sus empleados. Hoy en día, la tendencia es de un jefe que sepa comunicarse con sus empleados de forma afable e inspiradora y que sepa escuchar sus propuestas.
  7. Hábito del equipo: esto es imprescindible. No puede haber un buen líder sin que sea capaz de trabajar en equipo. En esto influyen muchos factores, como la capacidad de organización, de supervisión… No se trata de únicamente de mandar, sino de que cada parte haga lo que debe hacer.
  8. Hábito de la innovación: un líder debe ser capaz de innovar, de analizar lo que está ocurriendo y de buscar fórmulas para innovar y mejorar las rutinas de trabajo.

¿Qué es el liderazgo resonante?

Aún existe mucho desconocimiento en torno a lo que es un liderazgo resonante. Pues bien, es aquel en el que el líder sabe que sus emociones pueden transmitirse a su equipo, y esto puede ser o muy positivo o muy negativo.

Así pues, lo más recomendable es que la persona que esté al mando se llene de rutinas positivas para que sus emociones puedan expandirse entre su equipo. Esta es una forma muy efectiva de conseguir que los miembros de un grupo desarrollen sus labores de forma cohesionada y se encuentren bien en su entorno de trabajo. Algo que, sin lugar a dudas, repercutirá positivamente sobre los resultados del trabajo.

Consejos para trabajar la dirección por hábitos

Para finalizar, se exponen algunos consejos que ayudarán a los cabezas de equipo a mejorar su forma de liderar.

  1. Conectar el cambio y la visión: es decir, que cuando se empiecen a adquirir los hábitos positivos se haga siempre pensando en el objetivo establecido. En este caso, sería aplicar dichas rutinas en el entorno laboral.
  2. Desarrollar los hábitos durante seis semanas: aunque pueda parecer complejo, lo más recomendable es invertir mucha energía en desarrollar los nuevos hábitos. Concretamente, invertir esta energía durante seis semanas, ya que este es el tiempo que tarda una rutina en incluirse por completo en el día a día.
  3. Centrarse en lo que se busca: es decir, no pararse a pensar en lo que se ha eliminado, ya que la mente verá el gran avance y se relajará. Hay que mirar el camino que queda por recorrer, no el tramo que ya se ha avanzado.
  4. Pocos cambios simultáneos. No se puede cambiar de golpe. Hace falta un tiempo de adaptación para cada cambio. Por tanto, si se intenta cambiar todo a la vez lo más probable es que se fracase.
  5. Precisar el hábito que se va a desarrollar. Sin ambigüedades. Por ejemplo, un buen hábito podría ser incentivar más a los subalternos. Pero habrá que pensar cuál será el incentivo concreto, ya que de lo contrario no existirá el primer paso con el que empezar.
  6. Crear un ambiente de soporte. Es decir, si se está intentando motivar más a los trabajadores, lo ideal es evitar aquellas situaciones en las que haya que corregir acciones. Al menos durante un tiempo.

Importancia de desarrollar un liderazgo inspirador

La plantilla de una organización no necesita un jefe sin valores. Los nombramientos a dedo y favoritismos están cada vez peor vistos y esto se debe a la necesidad de meritocracia que se respira en los entornos laborales.

En consecuencia, para ejercer un liderazgo de primer nivel habrá que inspirar a los trabajadores dando ejemplo y siendo un líder admirado. Esto es, convertirse en la figura que todos ellos querrían ser para tener la autoridad necesaria para dirigirles. 

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