La economía actual ante el reto de cerrar el círculo

La economía actual ante el reto de cerrar el círculo

La economía circular es un nuevo modelo conceptualmente distinto y que se opone al que impera en buena parte de las sociedades actuales, el correspondiente a la denominada economía lineal que sigue la secuencia producir, usar y tirar. Una sucesión de actuaciones que compromete seriamente las opciones de las generaciones venideras de obtener de la Tierra los recursos naturales para satisfacer sus futuras necesidades, esto es, nos aleja del objetivo de un planeta sostenible.

Los denominados Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS) buscan alcanzar mejoras significativas en la calidad de vida de las personas  a través de planes estratégicos de desarrollo que minimicen los impactos económicos, ambientales y sociales de las actividades humanas con vistas a eliminar la pobreza y, en la medida de lo posible, incrementar la competitividad de las organizaciones. Las previsiones en relación a la producción y el consumo responsables,  a pesar de responder a una buena noticia que es que en el medio plazo se producirá un sustancial incremento de las personas que se incorporan lo que se conoce como clase media, nos llevan a una realidad que puede constituir un problema de primer nivel, el hecho de que harían falta tres planetas en el régimen de producción actual para poder mantener nuestros estándares de vida. En concreto el ODS 12 se relaciona de manera muy directa con la  economía circular al focalizar su acción sobre el uso particularmente eficiente tanto de los recursos como de la energía, además de atender a ciertos sectores de actividad como la construcción, fomentando infraestructuras respetuosas con  el medio ambiente y que posibiliten la mejora del acceso a los servicios básicos. Este ODS también pone el acento en la creación de empleos verdes con una remuneración justa y unas condiciones de trabajo dignas.

La idea de lo que es la economía circular es muy gráfica y basta con imaginar un círculo, esto es la figura geométrica considerada por muchos como ejemplo de la perfección y en la que todos los puntos equidistan de su centro y el origen y el fin coinciden. Ello ocurre porque el punto de partida de la producción, esto es las materias primas, y el punto final tras el uso de los bienes o prestación de los servicios a los que esta producción ha servido es el mismo. ¿Cómo se puede conseguir esto? Haciendo que los residuos puedan ser utilizados como materia prima secundaria bien en un proceso generador del mismo producto, en este caso hablaríamos de reutilización, o bien para un proceso orientado a la generación de un producto diferente, en este caso hablaremos de reciclado o de valorización. La propia naturaleza funciona de esta forma, cerrando ciclos y recomenzando de manera permanente a través de movimientos circulares como ocurre con el agua que se desplaza entre el subsuelo, suelo, mar y atmósfera o de tantos elementos químicos, como el Carbono o el Nitrógeno.

Como ejemplo de la economía circular en el caso de reutilización de materiales podemos presentar el conocido vidrio, cuyo uso doméstico más extendido es como contenedor para productos alimenticios. Debido a sus características es un material que tiene varias vidas. Se trata de un silicato que funde en el rango de 800 a 1.200 º C, situándose en la parte inferior de éste justamente las temperaturas necesarias para el reprocesamiento del material que ya ha sido utilizado, con lo que esta alternativa al uso de material nuevo supone además un importante ahorro energético.

Un ejemplo de reciclado lo tendríamos en el compostaje, proceso mediante el cual a partir de la materia orgánica se obtiene el material conocido como compost que mejora de forma notable la calidad de los suelos sobre los que se deposita. Otra posibilidad sería la valorización energética que permite la obtención de energía a partir de procesos de incineración del conocido como CDR, Combustible Derivado del Residuo.

Es decir, como simple objetivo estratégico, la economía circular debería ser una opción a considerar por las organizaciones al contribuir decididamente al uso de materia prima secundaria y con ello paliar la escasez de recursos propia del modelo económico lineal que podría acabar por producir volatilidad tanto en sus precios como en los del producto final, impactando todo ello de forma claramente negativa en el desarrollo económico. Por la contra, la economía circular apuesta decididamente por el ahorro energético, valiéndose de la investigación, innovación y desarrollo y tiene como consecuencia directa la integración y cohesión social al avalar un modelo productivo actualizado y dinámico que engancha a buena parte de los potenciales consumidores, particularmente los más jóvenes que son la base de la sociedad en el futuro. La economía circular necesita necesariamente de ciudadanos circulares parafraseando a Sladjana Mijatovic, una de las principales exponentes de la transición a esta nueva realidad y por ello se hace necesario dirigir este modelo a las nuevas generaciones jugando la educación un papel esencial.

Las organizaciones que apuestan por la denominada economía circular suelen alinearse con el modelo de negocio conocido como startup, uno de cuyos rasgos de identidad es su capacidad de mutación  para su óptima orientación al desarrollo productos o servicios enfocados a las necesidades o expectativas del mercado y por ello dirigidos completamente al cliente y usuario. El papel que la tecnología juega en este sentido es esencial, imprescindible en el ámbito delimitado por este nuevo paradigma. Lo cual casa perfectamente con el uso integral que de la misma hacen los jóvenes, los denominados nativos digitales en el contexto de la cuarta Revolución y la Industria 4.0. Por todos son conocidas las aplicaciones que permiten el comercio colaborativo, como las que facilitan de forma cómoda y rápida compartir un vehículo o comprar a precio sensiblemente más económico alimento a punto de caducarse.

Sin embargo las ventajas ambientales aportadas por la economía circular no se limitan a la optimización del uso de los recursos naturales mediante el uso de la materia prima secundaria sino que ha de tenerse también en cuenta la minimización en la producción de residuos que tienen un impacto ambiental muy significativo y adverso. Limitar su deposición en los depósitos controlados o hacer un aprovechamiento energético de los mismos suponen modelos de gestión más sostenibles que las alternativas que se han venido utilizando hasta hace bien poco en las sociedades más avanzadas y de los que se hace aún uso en muchos países del planeta. Problemas como los vertidos incontrolados con clarísima afección al medio hídrico, diezman la calidad de las aguas superficiales y subterráneas y constituyen además un  desorden de salud pública. La presencia de los plásticos en el medio marino  con una grave afección a los ecosistemas presentes en el mismo es otro ejemplo de problema ambiental de primera magnitud. Todos ellos equieren de una acción decidida por parte de la ciudadanía

La economía circular supone la intervención en lo que se denomina el ciclo de vida de un producto o servicio, incluida la fase previa a su existencia física, esto es, la denominada fase de diseño. Por descontado supone cambios en la producción y también en el uso, que en este nuevo paradigma es un concepto más apropiado que el de consumo, lo que podrá suponer de hecho modificaciones en los patrones para las que se hace esencial la participación ciudadana. Por ejemplo, hay estudios muy serios que aseveran que la tercera parte de los alimentos producidos en el planeta acaban convertidos en deshechos, bien debido a las deficiencias en las cadenas de producción y/o transporte, bien debido a las malas prácticas de los consumidores. Todo ello en un planeta en el que millones de personas presentan problemas de salud en relación directa con su desnutrición. Otro ejemplo claro lo tenemos en la gestión doméstica de la energía, que es capital para nuestro estilo de vida. Los hogares consumen casi un tercio de la energía mundial y contribuyen a la quinta parte de las emisiones CO2. Un gesto tan simple como la apuesta por bombillas de alto rendimiento supondría un ahorro mundial de más de 100.000 millones de dólares americanos al año. Es por ello necesario sensibilizar a la población para que se erija también en protagonista de este cambio de paradigma y actúe en consecuencia. Para ello deben de ponerse en práctica medidas en la publicidad, forma de presentación de las normas de uso o el etiquetado.

Una organización que es un punto de referencia de cita necesaria en este ámbito es la fundación Ellen MacArthur. Creada en  fue creada en 2010 encuentra justamente su razón de ser en acelerar el proceso de transformación del modelo actual económico hacia el propio de la economía circular para lo que trata de influir en la opinión de los líderes mundiales de agendas de todo tipo, tanto empresariales como académicas o gubernamentales. Dispone para ello de socios que se distribuyen en dos niveles de actuación: filantrópico y de conocimiento y distribuyen su actividad en cinco grandes líneas de actuación la investigación y el análisis, las empresas y gobiernos la educación, las iniciativas sistémicas y las comunicaciones.

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