Las 8 dimensiones de calidad total de Garvin

Las 8 dimensiones de calidad total de Garvin
David Garvin estableció ocho dimensiones para una mayor "Gestión de la Calidad" de los productos, hoy útiles para miles de compañías en todo el mundo

La definición de calidad es a menudo un tema muy debatido. Si bien puede parecer intuitivo, cuando nos ponemos manos a la obra, la “calidad” es un concepto difícil de definir con precisión y más en la Gestión de Calidad. La definición más fundamental de un producto de calidad es la que cumple con las expectativas del cliente. Sin embargo, incluso esta definición es de un nivel demasiado elevado para considerarse adecuada. David Garvin, profesor universitario de la U. de Harvard consiguió definir ocho dimensiones que pueden usarse estratégicamente para analizar la calidad de las características.

Algunas de las dimensiones que se van a describir se refuerzan mutuamente, mientras que otras no; la mejora en una puede ser a expensas de otra u otras. Estas ocho dimensiones son especialmente útiles para comprender las expectativas de los clientes con respecto a la calidad del producto. Comprender las compensaciones deseadas por los clientes entre estas dimensiones puede ayudar a construir una ventaja competitiva. Las ocho dimensiones son las siguientes:

1. Rendimiento

El rendimiento se refiere a las características operativas principales de un producto. Esta dimensión de calidad implica atributos importantes; las marcas generalmente se pueden clasificar objetivamente en aspectos individuales del rendimiento.

El rendimiento a menudo es más visible en el diseño físico (por ejemplo, en la velocidad de un automóvil deportivo) que en el diseño digital (en este caso, por ejemplo, en la conversión en un botón de llamada a la acción). Sin embargo, el aumento de los datos ha aportado herramientas que nos ayudan a comprender mejor la eficacia de nuestros productos digitales para completar sus objetivos. En la actualidad se pueden crear métricas de primera línea que lleguen a la raíz de lo que estamos tratando de lograr a través de una determinada decisión de diseño, ya sea la cantidad de registros de aplicaciones o transacciones exitosas.

Además, siempre hay un excelente rendimiento en cuanto a la velocidad de carga o la fluidez de la animación.

  • ¿Qué datos son críticos para el éxito de nuestro producto? ¿Cómo se puede medir esta métrica?
  • ¿Un usuario puede lograr de manera eficiente lo que se propuso hacer?

2. Características

En la segunda dimensión se hace referencia a las características adicionales que aumentan el atractivo del producto o servicio para el usuario.

“Características” es una palabra que todo el mundo conoce. Aún así, esta dimensión puede ser engañosa. El objetivo no es tener más funciones, sino tener buenas características que diferencien al producto de otros. Separación y diferenciar, como características principales y secundarias no son fáciles de establecer. De hecho, existen muchas características añadidas que, con el paso del tiempo, se transforman en básicas o indispensables. Por ejemplo, ahora, nadie compraría una televisión sin un control remoto que esté incluido en el sistema (cuando hace tiempo esto no era una principal exigencia de los clientes o usuarios).

En esta dimensión, hay que preguntarse:

  • ¿Qué características diferencian a este producto de otros como él?
  • ¿Para quiénes son valiosas esas características?
  • ¿Este producto tiene todo lo que necesita para resolver un problema central? ¿Qué características son innecesarias?

3. Confiabilidad

La confiabilidad es la probabilidad de que un producto no falle dentro de un período de tiempo específico. Este es un elemento clave para los usuarios que necesitan que el producto funcione sin problemas.

A primera vista, esto podría ser como un problema de un equipo de infraestructura. Pero la confiabilidad es un área en la que los diseñadores pueden tener un impacto real. Los modelos simples y concisos significan menos casos extremos y un menor riesgo de errores puntuales.

Llegados a este punto se puede extender esta definición más para que sea más adecuada. Esta es una clave para construir productos con sistemas de diseño robustos que no solo los hacen más fáciles de construir y mantener, sino que también brindan una experiencia intuitiva para los usuarios.

  • ¿Estamos brindando de manera confiable una experiencia consistente a diferentes usuarios?
  • ¿Las personas saben cómo y dónde completar tareas en nuestro producto?

4. Conformidad

La conformidad es la precisión con la que el producto o servicio cumple con los estándares especificados.

Esta dimensión es la regla que tantos diseñadores adoran romper. Por ejemplo, cuando se diseñan aplicaciones móviles, se intenta cumplir con las pautas marcadas en una plataforma: tanto en el diseño de materiales de Android como en las pautas de interfaz humana de iOS, para que los nuevos usuarios puedan comprender rápidamente cómo funciona un producto.

Es aceptable romper estas pautas con el estilo o el patrón de interacción, pero solo si hay una buena razón para hacerlo. Si nadie desafiara las normas, el diseño no progresaría. Si nadie las siguiera, los usuarios serían arrojados a un confuso caos de la interfaz. Existen para ello normas de la gestión de calidad, como la ISO 9000.

  • ¿Qué normas y arquitectura de la información sigue nuestro producto?
  • ¿Dónde diverge nuestro producto de esas pautas? ¿Por qué?

5. Durabilidad

La durabilidad mide la duración de la vida de un producto. Cuando el producto puede repararse, la estimación de la durabilidad es más complicada. El artículo se usará hasta que ya no sea económico operarlo. Esto sucede cuando la tasa de reparación y los costes asociados aumentan significativamente.

Los productos digitales en realidad no se descomponen o desgastan con el uso. En cambio, se vuelven obsoletos. Los requerimientos de la durabilidad de estos productos cuentan en la mayoría de casos con una garantía que se extiende por uno o dos años. Esta dimensión podría estar relacionada con la fiabilidad, puesto que cuanto mayor es, mayor durabilidad existe. En esta dimensión, las preguntas claves serían:

  • ¿Estamos siguiendo tendencias que pueden quedar obsoletas rápidamente?
  • ¿Nuestro producto cumple con los últimos estándares web / plataforma?
  • ¿El producto está desempeñando una función que será útil en los próximos años?

6. Facilidad de servicio

La capacidad de servicio es la velocidad con la que el producto puede volver a ponerse en servicio (repararse) cuando se descompone, así como la competencia y el comportamiento del técnico.

La asistencia de los técnicos y las garantías que ofrecen algunas empresas pueden afectar a la decisión del cliente, que optará por una marca diferente u otra. En este caso, la disponibilidad y el acceso a servicios en equipos tecnológicos también sería un factor a tener cuenta. Por otro lado, la forma en la que una organización maneja las devoluciones y reclamados influye en la calidad del cliente. En algunos casos, una respuesta rápida es crítica.

Las mejores preguntas serían las siguientes:

  • ¿Qué podría salir mal con este producto y cómo podemos prepararlo para solucionarlo?
  • ¿Cómo podemos documentar código y diseño para futuros colaboradores?
  • Si la persona que construyó este producto se va, ¿cómo se va a seguir desarrollando?

7. Estética

La estética es la dimensión subjetiva que indica el tipo de respuesta que un usuario tiene a un producto. Representa la preferencia personal del individuo por un determinado producto o servicio.

Claramente, la estética es importante para proporcionar una experiencia única y deleitar a los usuarios, pero debe sopesarse con las otras dimensiones para evaluar adecuadamente las compensaciones. Los diseñadores visuales son clave para retener a los usuarios en un producto exitoso. Aunque subjetivo, si la estética de un producto no parece moderna, podría indicar que otros aspectos tampoco se están mejorando.

  • ¿Nuestro producto tiene un estilo único?
  • ¿Nuestro producto proporciona placer a través de imágenes e interacción?

8. Calidad percibida

Calidad percibida es la calidad atribuida a un bien o servicio basado en medidas indirectas.

Esta dimensión va de la mano con la marca. No importa cómo de eficiente sea su producto, nadie lo tocará si no lo consideran bueno. La apariencia y la reputación de la marca tienen mucho peso en el espacio digital, ya que los productos a menudo son impulsados por referencias y descubrimientos orgánicos. La fiabilidad o duración del producto pueden ser deducidas de algunos aspectos, que pueden ser tanto tangibles como intangibles: la imagen de la marca, el lugar donde se fabrica el producto o las opiniones en Internet del producto influyen en un grupo de consumidores.

En esta última dimensión se puede aventurar que es la más subjetiva y compleja de manejar o medir, ya que depende de la forma en que cada persona procesa, recibe o interpreta la información que viene del entorno y de las experiencias vividas o las vivencias de cada individuo.

En esta dimensión, cabe preguntarse:

  • ¿Hemos invertido en la construcción de una marca que infunda confianza en los usuarios potenciales?
  • ¿Nuestra marca se alinea con nuestros objetivos de producto?

El prestigioso docente David Garvin estableció estas 8 dimensiones detalladas con el objetivo de que el concepto de “Gestión de Calidad” fuese más operativo, para aplicarse a diferentes empresas, tanto de servicios como de manufacturas de todo el mundo. Estas 8 dimensiones (desempeño o rendimiento, características, fiabilidad, conformidad al diseño, durabilidad, calidad del servicio, estética y calidad percibida) son especialmente útiles en la gestión de la calidad de todo tipo de organizaciones. Hoy en día estas dimensiones son una referencia.

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