Micromovilidad y sostenibilidad urbana

La micromovilidad implica medios de transporte usados en los recorridos cortos. Es un fenómeno que favorece un tipo de transporte sostenible en las urbes

Empleamos el término «micromovilidad» para definir aquellos medios de transporte que se utilizan en el recorrido de distancias cortas. Se trata de medios de transporte pequeños y ligeros que emplean la energía eléctrica como motor, por ejemplo, los monopatines eléctricos, las bicicletas con y sin cadenas, dockless, segways, etc.

El de la micromovilidad es un fenómeno novedoso con un fuerte potencial a la hora de favorecer la implantación de un tipo de transporte urbano sostenible. La creación de una infraestructura adecuada de esta clase de vehículos en las grandes ciudades puede ser un modo efectivo de minimizar la emisión de agentes contaminantes a la atmósfera y de reducir la congestión de la circulación.

Sin embargo, este proceso supone un desafío para las ciudades que se ven en la necesidad de crear nuevas normativas que regulen el uso de este tipo de vehículos y de reforzar las infraestructuras destinadas a las bicicletas.

Una visión general de la situación de la población mundial

El aumento de la población mundial es un fenómeno ampliamente comprobado e imparable, pues en 2050 se estima que habrá unos 9700 millones de habitantes en el planeta. A día de hoy, la mitad de la población vive en ciudades, pero en el año 2050 lo harán aproximadamente dos tercios. En el año 2030 habrá 43 megaciudades, esto es, áreas urbanas que acogen a más de diez millones de habitantes.

Las consecuencias de este aumento y concentración de la población suponen muchos problemas que afectan a las infraestructuras urbanas básicas. Entre otros, la necesidad de contar con medios de transporte que permitan el desplazamiento efectivo de la población.

Asimismo, se constata el requisito de trabajar en reducir o minimizar al máximo las consecuencias del cambio climático. La reducción de las emisiones de los gases causantes del efecto invernadero hasta conseguir las cero emisiones netas entre los años 2080 y 2100 parece imprescindible, y la ecomovilidad parece clave.

La tecnología al servicio de la smart city y la movilidad

La moderna tecnología, el big data e internet facilitan el procesamiento y análisis de cantidades ingentes de datos para poder tomar decisiones. La creación de las smart cities es un fenómeno que ya está en marcha. La generación millennial (jóvenes menores de 30 años) es exigente y apuesta por productos y servicios de calidad enfocados también a la protección del medioambiente y su entorno cercano. La implantación de las energías renovables (turbinas eólicas, paneles solares, etc.) parece que poco a poco se va consolidando.

En los últimos tres años ya se está dando un cambio en los sistemas de movilidad de las personas. Los vehículos autónomos sin conductor aún son vistos como una solución a largo plazo. Necesitan una mejora importante de la tecnología y de las estructuras para ser considerados seguros y plenamente fiables. Pero entre los proyectos que van de la mano están la smart city y la movilidad. La micromovilidad es una realidad.

Las empresas interesadas llevan varios años invirtiendo mucho capital en todas las cuestiones relativas a la electromovilidad. El 85 % del mercado se centra en China, donde ya existe una base sólida de clientes, pero su expansión por el resto del mundo parece imparable. Más de 500 millones de usuarios han conseguido ya que la micromovilidad pueda ser considerada como la adopción de tipo tecnológico más rápida de la historia de la humanidad.

La ecomovilidad, una revolución en el mundo del transporte

La existencia de un conjunto de corrientes diversas de servicios de ecomovilidad está desafiando a los sistemas de transporte tradicionales enfocados en áreas y recorridos grandes. La micromovilidad tiene su punto de mira en las distancias cortas; es un sistema ideal para conectar a las personas con el transporte público. Consigue que se reduzca la dependencia de los automóviles, una rebaja de los embotellamientos y las congestiones de tráfico aprovechando el espacio urbano de un modo más eficiente y a la vez una mengua de las emisiones nocivas a la atmósfera. Y solucionando un problema común y de gran magnitud en todas las grandes ciudades: la escasez de aparcamiento.

Hay cálculos que mantienen que, si en 2030 se aumenta el uso de las bicicletas eléctricas en un 11 %, eso implicaría una reducción del 7 % de las emisiones del CO2, algo así como poner fuera de circulación en las vías urbanas de todo el planeta unos 134 millones de automóviles.

Este tipo de soluciones de transporte sostenible para las ciudades, al reemplazar a los vehículos de motor de combustión, ayudan a reducir los viajes y, por tanto, a disminuir el número de emisiones total por ocupante. En las horas punta, en Madrid se tarda más del 50 % del tiempo que sería normal en realizar un desplazamiento, lo que se reduce notablemente al utilizar el transporte urbano sostenible.

Asumiendo nuevos desafíos

Pero la implantación de la micromovilidad supone tener que hacer frente a nuevos desafíos como prescindir de los automóviles y aprender a combinar la nueva electromovilidad con los transportes públicos. Por su parte, las ciudades tienen que mejorar las infraestructuras para que la ecomovilidad sea una realidad efectiva y asumible.

Los patinetes eléctricos son aptos para el uso de prácticamente cualquier persona. No requieren de habilidades particulares para su conducción ni de unas condiciones físicas especiales. Estos vehículos son idóneos para recorrer distancias cortas, las llamadas primera y última milla, unas 5 calles o 5 kilómetros.

Las bicicletas eléctricas, por su parte, pueden servir para cubrir distancias más largas. Sin embargo, está comprobado que en la mayoría de los viajes urbanos se recorren distancias inferiores a los 5 km. Y que las bicicletas y los patinetes recorren estos tramos en el mismo tiempo que el que emplean los vehículos convencionales, eso sí, con unos índices de emisión mucho más reducidos.

Las ciudades necesitan contar con infraestructuras adecuadas para la electromovilidad

La micromovilidad se integra a la perfección en las infraestructuras ciclistas existentes en las ciudades. Claro que son muchos los centros urbanos donde esta infraestructura es muy deficiente o inexistente. Estamos en el momento idóneo para crearlas, reforzarlas y potenciarlas.

Además, las autoridades competentes de las diferentes ciudades deben desarrollar normativas y regulaciones que controlen la electromovilidad, igual que ocurre con las bicicletas. Incluyendo normas relativas al estacionamiento para que estos vehículos no bloqueen las aceras ni las calzadas. Todos estos son cambios bastante asequibles y asumibles que redundarán en beneficios para todos los ciudadanos.

Como ejemplo, en el año 2018, la ciudad estadounidense de San Francisco vivió un auge descontrolado de los patinetes eléctricos. Compañías como Bird, Lime o Spin ofrecían patinetes para los que no era necesario la utilización de cascos ni la posesión de ningún tipo de licencia y que, además, se encontraban en cualquier acera. La proliferación fue tal que la autoridad encargada del tráfico urbano (SFMTA) se vio obligada a intervenir para regular la situación. Aprobó un sistema de permisos y un programa piloto.

En España ya operan plataformas como Bird, Wind, Voi, Lime y KoKo. Las grandes compañías automotrices como BMW, Volkswagen, Peugeot o Seat no quieren quedarse al margen y han desarrollado sus propios patinetes eléctricos. Ciudades como Madrid ya cuentan con una ordenanza con el nombre Vehículos de Movilidad Urbana (VMU) y 22 empresas operando.

Los scooters de alquiler ya se pueden ver en los centros de numerosas ciudades como alternativas a los automóviles, taxis y Uber. Los usuarios pueden localizar los vehículos libres a través de las aplicaciones instaladas en los teléfonos inteligentes.

El control de la siniestralidad que puede causar la micromovilidad pasa también por la creación de normativa por parte de las ciudades. Diversos organismos del ámbito internacional, como el Foro Internacional del Transporte, abordan y examinan, entre otros, aspectos relacionados con la seguridad vial asociada a estas nuevas formas de transporte.

Hacia una implantación progresiva de la micromovilidad

La implantación definitiva de la micromovilidad pasa por la consideración de aspectos como su importancia en la reducción del consumo energético y de las emisiones GEI, la gestión de los residuos, la rapidez y la versatilidad que proporcionan en los desplazamientos cortos y su bajo precio. Además, podría ser una fuente eficaz de ayuda en la gestión proactiva de la seguridad en las calles haciendo uso de GPS, que permite su geolocalización en todo momento.

Son destacables iniciativas como las del banco gallego Abancaque busca impulsar la transición hacia la movilidad sostenible poniendo a disposición de sus empleados patinetes eléctricos y bicis para que prescindan de su coche particular en el traslado al trabajo. O la «Movilidad a 2 Ruedas» de Endesa, que tiene el triple objetivo de fomentar el cambio en la movilidad de los empleados, buscar que empleen los medios de transporte de un modo más racional y promover e impulsar el uso de los vehículos eléctricos.

En definitiva, la micromovilidad es una realidad que está desafiando nuestros sistemas tradicionales de transporte y que ofrece una alternativa válida para los recorridos cortos. Constituye una importante ayuda para reducir las emisiones de gases contaminantes y los embotellamientos de tráfico. La apuesta por la smart city y la movilidad sostenible es un impulso para el futuro próximo.

 

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