No quedarse sordo

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El Ruido laboral es un factor de riesgo muy dañino para los trabajadores. Se asocia a múltiples dolencias, lo que justifica tomar medidas de prevención

El ruido laboral produce muchos problemas de salud en los trabajadores que van más allá de la pérdida de la capacidad auditiva. El estrés, los vértigos, los acúfenos o la hiperacusia son algunos de los problemas asociados a la exposición dañina al sonido en el entono laboral. Por ello, el Real Decreto 286/2006 trata de dotar al trabajador de una protección específica frente a su exposición al ruido en el entorno laboral.

1. Los riesgos acústicos en el entorno laboral

Aunque no sea un riesgo en el que se repare fácilmente, dada la imposibilidad de percibirlo visualmente, la exposición al ruido en el entorno laboral es una fuente de innumerables complicaciones en la salud del trabajador.

Y no solo por la pérdida de la capacidad auditiva, que puede ser lo primero en lo que piense cualquiera. La exposición continuada al ruido, así como la exposición puntual a ruidos excesivos, provocan problemas de estrés y ansiedad, y otros como trastornos de humor y dificultad de concentración. Además, si el puesto de trabajo presenta riesgos de accidentes, debe tenerse en cuenta que estas complicaciones aumentan el riesgo de sufrirlos.

1.1. Normativa aplicable

El Real Decreto 286/2006, de 10 de marzo, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición al ruido, viene a desarrollar la ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales. Se aplica, en particular, a los riesgos que puedan derivarse de la exposición al ruido.

El objetivo del RD 286/2006 es precisamente establecer las condiciones de seguridad mínimas, para reducir los riesgos contra la salud y seguridad de los trabajadores derivados de la exposición al ruido.

2. Las dolencias acústicas más comunes

2.1. Acúfenos o tinitus

Los acúfenos son sensaciones auditivas que no responden a sonidos exteriores. Son tremendamente molestos, porque generalmente se manifiestan en forma de pitido o zumbido continuo, o bien golpes en el oído, y suelen ser irreversibles.

Además, el acúfeno puede ser un primer indicador de las lesiones, por lo que conviene someterse a un examen médico cuando se toma consciencia de que se escuchan los mismos.

2.2. Hiperacusia

En ocasiones, una irritación de las vías auditivas puede provocar hiperacusia. Esta es una especie de reducción a la tolerancia del sonido ambiente, lo que provoca que los sonidos naturales resulten molestos.

La hiperacusia es una dolencia extremadamente desagradable, ya que impide a quien la padece que se someta a determinadas situaciones que de otro modo consideraría cotidianas. La hipersensibilidad puede llegar a convertir el ladrido de un perro en un ruido tremendamente doloroso.

2.3. Hipoacusia o pérdida de la capacidad auditiva

La pérdida de la capacidad auditiva puede tener su origen en lesiones del oído interno o en bloqueos mecánicos. Dependiendo del tipo de lesión, podría aparejar problemas de sueño y, más habitualmente, de equilibrio.

Aproximadamente un tercio de las enfermedades profesionales tienen que ver con la pérdida de audición. Puede producirse en un oído o en ambos, pero suele ser irreversible.

2.4. Ototoxinas.

Mucho menos conocidas que los anteriores problemas de audición son las sustancias “ototóxicas”. Estas sustancias vuelven al oído interno más frágil, con lo que el trabajador se vuelve más susceptible al sonido externo. Pueden encontrarse en fuentes laborales o extralaborales:

  • En algunos compuestos industriales: tolueno, xileno, mercurio, plomo, arsénico, monóxido de carbono, cianuros…
  • En productos farmacológicos: algunos antibióticos aminoglucósidos, macrólidos y aines, glucopeptídicos, algunos diuréticos, citostáticos…

2.5. Otros desórdenes.

Están asociados a la exposición al ruido en el trabajo otros desórdenes como el estrés, el insomnio, la ansiedad, cefaleas, trastornos de humor y de alimentación…

En definitiva, la exposición al ruido puede ser muy nociva, y presenta la desventaja adicional de que la mayoría de la población no es capaz de detectar que está sufriendo lesiones en fase precoz. Manifestada la lesión en toda su extensión, puede ser irreparable. Y esto es lo que justifica los recelos del legislador por proteger a los trabajadores.

4. Cómo prevenir los efectos nocivos de las actividades especialmente ruidosas.

El art. 4 del RD 286/2006, establece varias tipologías de medidas preventivas, que son:

  1. Métodos de trabajo que minimicen la necesidad de exponerse al ruido, así como aplicación de equipos de trabajo y de protección que reduzcan el impacto del mismo.
  2. Diseño específico de los centros y puestos de trabajo.
  3. Reducción técnica del ruido, empleando medios técnicos como pantallas de cerramientos, recubrimientos absorbentes, amortiguamiento, aislamiento… o bien mediante una limitación del tiempo e intensidad de exposición y una organización del trabajo que respete estos principios.

Además, el empresario debe preparar protocolos de actuación, señalizando los puestos de trabajo y lugares particularmente expuestos y adoptando medidas adaptadas a las características del trabajador y del uso del espacio. Por ejemplo, la ley prohíbe que las zonas de descanso, cantinas y similares superen los niveles acústicos que permitan a los trabajadores reposar.

5. Prevención y protección contra el ruido

Los riesgos derivados de la exposición al ruido deben reducirse a la mínima expresión o eliminarse en origen, empleando todos los medios técnicos posibles. De este modo, deben aplicarse los principios de la acción preventiva que estipula el art. 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que son:

  • Evitar riesgos.
  • Evaluar aquellos que no se puedan evitar.
  • Combatirlos en origen.
  • Adaptar las tareas de cada trabajador a sus características personales.
  • Aplicar la evolución técnica.
  • Planificar la prevención.
  • Formar e informar a los trabajadores.

Por último, se establece la preferencia de las medidas de protección colectiva a las individuales. Lo que no resta importancia a los Equipos de Protección Individual.

El Equipo de Protección Individual se define como:

“cualquier equipo destinado a ser llevado o sujetado por el trabajo para que le proteja de uno o varios riesgos que puedan amenazar su seguridad o su salud en el trabajo, así como cualquier complemento o accesorio destinado a tal fin”.

En este caso, consistirían en protectores auditivo, contra el ruido laboral. Los tipos más comunes son:

  • Orejeras. Pueden ir acopladas o no al casco, y discriminar las frecuencias que aíslan. Al poder ponerse y quitarse con facilidad, son un elemento de protección adecuado para el uso intermitente.
  • Tapones. Permiten una mayor libertad de movimiento, lo que no necesariamente revierte en una mayor comodidad. Sin embargo, son apropiados en ambientes húmedos y calurosos, donde los cascos son más farragosos. También son recomendables cuando deben combinarse con gafas o máscaras de protección.
  • Cascos antirruido. Al abarcar parte de la cabeza, impiden que se transmita el sonido por vibración a través del cráneo. Es una protección adecuada para los ambientes más ruidosos.

Además, puede haber variaciones de estos que respondan mejor o peor ante diferentes niveles de ruido, que incorporen intercomunicadores y, por absurdo que parezca, incluso que incluyan la posibilidad de escuchar música. Homologados, pero peligrosos.

A parte de esta tipología, los protectores auditivos pueden clasificarse también en:

  • Activos, que son los que emplean sistemas electrónicos para discriminar qué ruidos se aíslan y cuáles permite que traspasen. Suele emplearse junto a sistemas de intercomunicación.
  • Pasivos. Por contraposición, son las meras orejeras o tapones. También permiten discriminar la respuesta acústica, pero al no contener elementos electrónicos, tal discriminación depende de su diseño de construcción, por lo que no puede reconfigurarse más adelante.

A la hora de elegir el protector individual deberán tenerse en cuenta la comodidad del trabajador, las limitaciones que le impone y sus características personales, pues cada Equipo de Protección Individual se acopla mejor o peor a cada trabajador.

Estos equipos se regulan, entre otras fuentes, por el Real Decreto 773/1997, de 30 de mayo, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas a la utilización por los trabajadores de equipos de protección individual. Las principales obligaciones asociadas al Equipo de Protección Individual tienen que ver con la homologación y el folleto informativo.

6. Legislación reguladora: RD 286/2006

El RD 286/2006 establece, además de las previsiones que ya se han analizado, sistemas de evaluación de riesgos y criterios técnicos según los cuales el empresario debe desarrollar actividades correctivas. Entre ellas, la limitación de la exposición al ruido o la entrega de Equipos de Protección Individual para su utilización, así como la información y formación de los trabajadores.

También regula la participación de los trabajadores y sus representantes en las funciones de evaluación, prevención y reducción de riesgos acústicos. Por último, incluye previsiones sobre vigilancia de riesgos, y tres anexos con disposiciones técnicas.

7. Necesidad de proteger a los trabajadores.

Se han señalado algunas de las fuentes legales que protegen a los trabajadores frente a los riesgos que provoca el ruido en el entorno laboral. En caso de incumplimientos de la normativa de Prevención de Riesgos Laborales, el empresario podría ser demandado por la vía social.

Además, el trabajador lesionado tendrá también acceso a la vía civil, donde podrá ejercitar acciones de indemnización por daños físicos y morales. Además, en los casos más extremos, esta responsabilidad civil podría articularse con responsabilidad penal. En sede penal, el empresario podría incurrir en un delito de lesiones, pero también en delitos relacionados con el orden social, como por incumplimiento de la normativa de Prevención de Riesgos Laborales.

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