Prevención y RSC: una relación de mutuo beneficio

Prevención y RSC: una relación de mutuo beneficio
La RSC es mucho más que una práctica para publicitar las bondades de una empresa. Normativas, buenas prácticas y voluntad ética influyen en su desarrollo

La RSC (Responsabilidad Social Corporativa) es un término que, lejos de ser una tendencia o práctica de marketing, se ha convertido en una necesidad de las empresas para ser consecuentes con su entorno y sus clientes.

Se trata de poner en práctica, de forma voluntaria, una serie de políticas, desde la organización empresarial, no solo destinadas a cuidar y proteger el entorno social y medioambiental en el que se encuentran, sino también a manifestar su pertenencia a este: que la sociedad la identifique como una marca preocupada por sus raíces y circunstancias más allá de lo que atañe exclusivamente al ámbito puramente económico.

Breve historia de la RSC

Se puede llegar a pensar que este término es actual o del pasado siglo, pero vale la pena informarse. Se trata de una preocupación, la de la empresa hacia su entorno, que tiene sus inicios en pleno siglo XIX, cuando, en el contexto de la Revolución Industrial, se comienza a despertar cierta conciencia entre los empresarios por favorecer y mejorar las condiciones de sus empleados, dadas las malas condiciones en los que estos desarrollaban sus labores.

Así, en ocasiones, de forma voluntaria; y, en otras tantas, empujadas por las crecientes presiones políticas de los grupos socialistas y, sobre todo, marxistas, comenzaron a llegar, de forma tímida, medidas históricas como la consecución de la jornada laboral de 8 horas, la construcción de barrios obreros y un término que, desde entonces, iría ligado permanentemente, como se podrá ver más adelante, a la Responsabilidad Social como unas de sus medidas reguladoras: las medidas de Prevención de Riesgos Laborales (PRL).

RSC como regulador de la eficacia en PRL

Desde ese momento, la política de seguridad y salud en el trabajo pasó a ser una prioridad en materia de RSC y, pese a que aún conserva cierto aspecto de voluntariedad por parte de las empresas, comienzan a surgir corrientes que las obligan a asegurar un ambiente de trabajo digno y seguro.

De esta forma, surgen movimientos, a finales del siglo XIX, como la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y los sindicatos, que ya no solo piden que, de forma voluntaria, la empresa se encargue de medidas que mejoren las condiciones de sus trabajadores, sino que también reclaman normas de obligado cumplimiento que las aseguren.

Todas estas normas han tenido su reflejo durante el siglo XX gracias a la creación del llamado “Estado del Bienestar”, por el cual se aseguran salarios mínimos, condiciones favorables, complementos a la nómina y demás medidas para que todo trabajador pueda llevar una vida digna y cómoda. Este pensamiento se refuerza ya tocando el final del milenio con la incorporación de las nuevas normas, las leyes y los protocolos que, a continuación, se resaltan.

Regulación oficial de la RSC y PRL

La RSC, por definición, es algo “voluntario” y se le debe suponer como inherente a la propia empresa, sin tener más obligación que la moral de cumplir sus objetivos afines. Sin embargo, sí se pueden encontrar ciertas recomendaciones, que se convierten, incluso, en normas de obligatorio cumplimiento en el caso específico de la PRL. A continuación, se describen algunas de ellas, tanto obligatorias como impulsadas desde diversos organismos mundiales para mejorar el estado de las condiciones laborales:

  • Ley 31/1995: se trata de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales española, mediante la cual se obliga a asegurar a todas las empresas que sus empleados se encuentran bajo las medidas y con los materiales necesarios que mantengan su total integridad en el desempeño laboral.
  • Ley 54/2003: reforma de la anterior ley por la cual se obliga a todas las empresas a contar con un sistema de gestión de PRL.
  • Pacto Mundial de 1999: acuerdo internacional que ponía de manifiesto la necesidad de una regulación global de aspectos básicos de la RSC, como los avances sobre Derechos Sociales, la protección a los trabajadores, la lucha contra la corrupción y los intereses individuales y, por primera vez y de forma seria y firme, se incluía la preocupación por el medio ambiente como gran foco de actuación en políticas internacionales.
  • El Libro Verde de la Comisión Europea de 2006: recopilación de los “Libros Verdes” existentes hasta la fecha (hojas de ruta marcadas por los países y mediante las cuales indicaban las medidas a llevar a cabo en políticas sociales), en los cuales se adoptaron medidas como la obligatoriedad de las empresas de informar de forma detallada sobre cualquier acción, dentro de su actividad productora, que afecte al entorno.
  • Normas OHSAS: siglas de series de salud ocupacional y evaluación de seguridad (Occupational Health and Safety Assessment Series), que representan un conjunto de entidades lideradas por el organismo de normalización de Reino Unido, el cual se encargó, en torno a 1999, de dotar a las islas británicas de su norma reguladora en materia de PRL. Su principal avance consiste en su revisión de 2007 con medidas como la de incluir una certificación, exigir el cumplimiento de la ley, protección a todos los stakeholders (grupos de interés que se ven afectados por la actividad de la empresa más allá de los empleados, como los proveedores, clientes…), exigencia de autocontrol y auditoría, etc. Esta serie de normas ha tenido su reflejo internacional en distintos países gracias a entidades reguladoras como AENOR (Asociación Española de Normalización y Regularización).
  • NTP 1043 INSHT: guía promulgada por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo que recoge y define la ruta a seguir por las principales empresas que se desenvuelven dentro de la excelencia en lo que a RSC y PRL se refiere.
  • NTP 1044 INSHT: notas de prevención que actúan de complemento a la anterior y recogen todas las buenas prácticas llevadas a cabo por las empresas sometidas a estudio y por las cuales merecen la consideración de empresas socialmente comprometidas con su entorno.

Buenas Prácticas PRL

Tras ver cómo los diferentes organismos y empresas que forman parte del entramado de la RSC han ido estableciendo, durante los últimos siglos y de forma conjunta, las bases de unas condiciones laborales óptimas, el empresario se puede preguntar cómo, a día de hoy, se debe actuar para considerar una empresa como aquella que atiende correctamente a los factores de la RSC que le demanda la sociedad.

Buenas prácticas referentes a valores corporativos

  • Establecer un código ético empresarial en el que se recojan y se alineen las actuaciones de forma que, en la persecución del beneficio económico, no se perjudique el entorno.
  • Informar a proveedores, clientes, plantilla y otros actores que participen en la empresa sobre estos códigos éticos e inculcarlos.

Buenas prácticas referentes a prácticas económicas

  • Poseer una política retributiva fijada con claridad y mediante la cual cada empleado pueda saber exactamente qué sueldo le pertenece y cómo puede mejorar sus condiciones salariales.
  • Destinar excedentes económicos a la formación o campañas de reinversión en recursos que sirvan para mejorar el entorno laboral y social.
  • Ayudas a empleados y complementos salariales tales como seguros médicos, dietas, cursos y formación académica, etc.

Buenas prácticas referentes a conciliación

  • Retribución y limitación de las horas extraordinarias.
  • Flexibilidad, dentro del cumplimiento de las horas estipuladas de trabajo diario.
  • Coordinación del horario laboral con el escolar en el caso de las familias trabajadoras.

Buenas prácticas referentes a la seguridad

  • Disposición de una flota de coches de empresa totalmente dotados de las medidas de seguridad reguladas por la UE.
  • Aportación de seguros relacionados con la actividad laboral (de salud, viajes, etc.), así como la puesta en marcha de reconocimientos médicos frecuentes.
  • Superar ampliamente los mínimos legales en materia de prevención de riesgos laborales, de forma que se aprecie su aplicación de forma desinteresada, en pro del bien común y por encima de cuestiones meramente legislativas.

Buenas prácticas referentes al entorno y medio ambiente

  • Inversión en campañas de difusión y actuación sobre el medio ambiente (plantación de árboles, limpieza de residuos, fomento del reciclaje, etc.).
  • Reducción de la huella ecológica mediante la anulación de emisiones de CO2, los planes de recogida de basura, la elección de proveedores consecuentes con la protección del medio, etc.

Buenas prácticas en torno a la gestión de la RSC

  • Identificar y sistematizar las diferentes prácticas destinadas a mejorar la RSC y PRL, de forma que se pueda hacer un seguimiento de ellas y maximizar los beneficios que se puedan obtener de su aplicación.
  • Centrar todas las acciones en el ámbito más inmediato al del ejercicio de la empresa, ser coherentes a la hora de beneficiar al entorno en el que se sitúa en primer lugar y relevar otras acciones a un segundo plano: “piensa globalmente, actúa localmente”.

En definitiva, la relación empresa-RSC-PRL consiste en que, más allá del control y de la regulación mediante leyes por las cuales se garantice la seguridad de los empleados y del entorno más inmediato en el que se desenvuelve la empresa, toda medida llevada a cabo para potenciarla provenga de la voluntad propia del empresario y de la necesidad de actuar en beneficio del entorno que posibilita la actividad económica. Como medida moral y “de agradecimiento” y simbiosis por la cual, sin la protección de su ecosistema social y natural, no se podría sostener en el tiempo la actividad económica en cuestión.

Formación relacionada

La página web www.cerem.pe utiliza cookies para mejorar los servicios ofrecidos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso e instalación. Para más información haga click aquí.

Subir