¿Qué tienen en común los trabajadores exitosos?

¿Qué tienen en común los trabajadores exitosos?
El éxito laboral se ve impulsado por distintas competencias personales que lo favorecen. Algunas son talentos innatos; pero, otras, pueden entrenarse.

Una cuestión determinante a la hora de configurar cualquier equipo profesional es: ¿cuáles son las características que definen a los trabajadores exitosos? Poder seleccionar a los integrantes de la empresa a partir de esos valores y atributos supondría, en cierto modo, una garantía de rendimiento y máximas prestaciones.

Muchos son los estudios y las teorías que tratan de explicar cuáles son los pilares del éxito laboral, las competencias clave que determinan las mejores condiciones para impulsar el desarrollo profesional. Y es cierto que hay algunos conceptos, rasgos personales y condiciones profesionales que se repiten a la hora de identificar a los trabajadores valiosos.

El binomio profesional / persona

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que cualquier profesional es, antes que nada, una persona. Las cualidades distintivas del liderazgo, la eficacia, el trabajo en equipo o las competencias laborales se imbrican en la personalidad individual de cada persona, nacen y evolucionan a partir del carácter de cada uno.

Así, un punto de partida imprescindible entre los atributos que identifican a las personas con éxito laboral es la actitud positiva, que consiste en contar con una mentalidad optimista, capaz de afrontar la vida con ilusión y mentalidad ganadora, sin dejarse amilanar por las circunstancias. La botella, para estas personas, está siempre medio llena, aunque son conscientes de que terminar de llenarla nunca es gratuito, sino el resultado de un esfuerzo continuado o de una estrategia clara y definida. Se trata, en definitiva, de abrazar el optimismo como mentalidad, pero partiendo de un realismo contrastado, no desde el ilusionismo o la falta de criterio.

Algunas cualidades en primera persona

Otro rasgo distintivo del desarrollo profesional exitoso es el óptimo balance entre la vida laboral y personal. La conciliación entre ambas realidades se convierte en un factor constante y permanente en la existencia de estos profesionales. No suelen ser trabajadores monotemáticos, obsesionados con su ámbito profesional y cerrados en el éxito laboral. Precisamente, la búsqueda de nuevos horizontes, vivencias y realidades en su vida cotidiana les reporta una serie de conocimientos y experiencias adicionales que mejoran sus competencias clave para el trabajo. Por lo general, los trabajadores exitosos son también buenos y buenas vecinos, padres, parejas, amigos y compañeros, pues las cualidades y las habilidades requeridas para llevar a cabo su desarrollo profesional se expanden al resto de sus áreas de actividad y las potencian considerablemente, algo que también ocurre en la dirección inversa: esas mismas competencias clave en su quehacer diario les benefician en el trabajo cotidiano.

Son capaces, por ello, de gestionar su tiempo de manera óptima, repartiéndolo con habilidad y eficacia entre lo importante, lo urgente, lo no urgente y lo no importante, asignando a cada una de estas categorías los plazos y los momentos idóneos. Llegado el caso, son capaces de prolongar su dedicación profesional el tiempo que sea necesario para cerrar un proyecto y, también, de tomarse unas horas libres para ver un partido o una exhibición artística de su hijo o acompañar a su pareja a una cita médica.

La asertividad y la proactividad forman parte de la psicología del trabajador exitoso. La primera de estas cualidades refleja la capacidad de apertura, de relacionarse con los demás desde la comprensión, el afecto y la percepción de su realidad. Es una habilidad sobresaliente para trabajar en equipo y, este, imprescindible en la vida profesional actual. En cuanto a la proactividad, refleja la capacidad para coger el toro por los cuernos por propia iniciativa, sin necesidad de depender de las órdenes, las instrucciones o los mandatos ajenos. Las cosas se hacen por decisión personal, lo cual suele traducirse en una gran capacidad de anticipación y de respuesta rápida.

Vida y espíritu deportivo

Cada vez son más las voces autorizadas y los estudios científicos que defienden la relación existente entre las personas deportistas y los trabajadores exitosos. Los deportistas son perseverantes, luchadores y con un marcado carácter. Llevan en su genética y en su experiencia el dinamismo y las virtudes que caracterizan a las personas ganadoras: espíritu de superación, disciplina, mentalidad positiva y sacrificio.

Están acostumbrados a valorar a sus rivales, a competir, a caer y levantarse, a no conformarse con los logros anteriores y a rehacerse en condiciones adversas. Tienen muy presentes, en todo momento, cuáles son las reglas del juego y han hecho propios los principios del fair play (o juego limpio).

Un equipo de deportistas

Los equipos de trabajo que están formados por deportistas ofrecen un rendimiento superior en la mayoría de los casos. La propia actitud de equipo, la orientación hacia los objetivos y la capacidad sinérgica que todos ellos comparten, valorada sobre todo a partir de sus experiencias deportivas anteriores, les convierten en más eficientes y rentables.

Por eso, no es de extrañar que los deportistas de élite retirados sean excelentes líderes o componentes de grupo y se conviertan en elementos muy valiosos en el devenir de cualquier organización.

En esta línea, se une en ocasiones una política empresarial que consiste en impulsar, entre sus empleados, actividades deportivas conjuntas, con el fin de cohesionar el grupo de una manera especial y de fomentar entre sus integrantes los valores y el espíritu diferencial que rige en el deporte. La creación de equipos empresariales de deporte laboral, la organización de competiciones internas para empleados o la entrega de vales, pases y entradas para practicar o ver deporte no son meras acciones de relaciones públicas para tenerlos contentos, sino que forman parte de una estrategia global y corporativa de recursos humanos que mejora las competencias clave de los trabajadores.

Creciendo desde el interior

El éxito laboral se consigue siempre en primera persona. El desarrollo profesional es la consecuencia de un desarrollo individual que parte de virtudes como la autocrítica, el liderazgo de uno mismo, la apertura de miras y la amabilidad. El trabajador de éxito sabe exigirse con comprensión, conoce sus límites y sus posibilidades y cree en ellas. Por ello, nunca se conforma con lo bueno, sino que persigue la excelencia. Es capaz de dirigirse a sí mismo con respeto y confianza, evaluando cada situación y estableciendo los medios adecuados para rendir al máximo.

El valor de la comunicación

El individuo nunca trabaja aislado. Ni siquiera los freelances o los teletrabajadores actúan, en puridad, solos. Cada profesional vive, trabaja y se relaciona en sociedad. Sus aportaciones, tareas y trabajos forman parte de un todo colectivo que los valora, los utiliza, los modifica, los recibe o los consume, por lo que la dimensión social (la primera persona del plural: nosotros) es una realidad imprescindible en el éxito laboral.

La comunicación con el propio equipo —ya sea desde una posición de liderazgo, de subordinación o de igualdad— es fundamental para desempeñar el trabajo en las mejores condiciones. Gracias a la autocrítica, el trabajador consigue superarse, aprender de los errores y llegar a ofrecer la mejor versión de sí mismo. A través de la escucha —no solo con los oídos, también con los ojos y con el corazón— el profesional potencia su empatía y se encuentra en condiciones de asimilar la realidad con todas sus aristas, matices y dimensiones.

Antes de iniciar una actividad es preciso comprenderla: captar lo que busca el cliente, el mercado, el colaborador, el superior o el compañero de equipo, para ser capaz de trabajar en esa dirección concreta. La escucha es esencial.

Como también lo es la capacidad de comunicar, de expresar con eficacia y naturalidad, siempre y en todo contexto. A menudo, unas competencias adecuadas se ven minimizadas por la incapacidad de ponerlas en común, de transmitirlas, de hacerlas llegar a los demás. La capacidad de comunicación, por cierto, es el resultado de dos tipos de preparación: la próxima, específica para una acción de comunicación concreta, y la remota, que dura toda la vida. Cuánto más y mejor mundo interior se tenga —más experiencias vividas, más viajes realizados, más conversaciones mantenidas, más películas vistas, más libros leídos, más proyectos asumidos…—, mayor es la capacidad existente para poner lo propio en común y más atractivo es este propio.

La conclusión del éxito

En definitiva, se puede asegurar que el éxito laboral es la consecuencia de una serie de competencias clave que derivan del talento individual… y del esfuerzo y la perseverancia. Porque algunos de estos atributos se pueden entrenar, aprender e impulsar. Están, en consecuencia, potencialmente al alcance de todos.

La práctica deportiva, en este sentido, no es solo una válvula de escape: es, también, un caladero de este tipo de actitudes, valores y principios tan valiosos para el desarrollo profesional excelente. Cuestiones como el trabajo en equipo, la capacidad de superación, la perseverancia y la fijación de metas forman parte de este universo competencial.

Estudios científicos han demostrado, por ejemplo, que los trabajadores que no se fijan objetivos desaprovechan un 30 % de su capacidad y de su rendimiento potencial. Por otra parte, los equipos que se plantean metas y tratan de alcanzarlas aumentan su margen operativo en un 28 % respecto a los demás empleados. Comunicar los objetivos corporativos es también un factor clave en esta ecuación, pues el 69 % de las empresas con alto rendimiento lo practican.

Sin duda, el desarrollo profesional y el éxito laboral pueden trabajarse. Es cuestión de proponérselo.

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