Ver el futuro

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No hay maldición más cruel que la de conocer el futuro y no poder hacer nada por evitarlo. Leer más...

No hay maldición más cruel que la de conocer el futuro y no poder hacer nada por evitarlo. Ese fue el fatal destino de la bella Casandra. Apolo le dio el don de la profecía y la maldición de vivir siempre aterrada por el futuro. Casandra trató, pero no pudo impedir que introdujeran en la ciudad de Troya el famoso caballo de madera, pues nadie la creyó. Predijo incluso su propia muerte junto al rey de Agamenón, pero todas sus predicciones fueron siempre desdeñadas por los reyes y el pueblo. Muy habitualmente directivos y trabajadores deben tomar decisiones en las que se trata de prever el futuro: si lanzar un producto, si entrar en un mercado, si seleccionar a un candidato, si decidir una promoción, si gestionar una queja, etc. En todos estos y muchos otros casos, las decisiones que tomemos tendrán un efecto y consecuencia directa en los futuros resultados, el desempeño de los equipos, la satisfacción de los clientes, etc. Afrontamos un mundo de incontables decisiones con, muchas veces, infinitas posibilidades e innumerables consecuencias y que además definirán nuestro destino. Por ello es importante disponer de los datos adecuados y la capacidad analítica para tomar las mejores decisiones sobre la base de la mejor información para ello.

En este sentido, los datos y algoritmos (big data) se han convertido en una valiosa herramienta para predecir comportamientos y tomar decisiones de negocio, sobre todo dado el ritmo y la velocidad que se exige en un mundo vertiginosamente cambiante. Estos sistemas son una eficacísima ayuda a los negocios, pero implican también sus riesgos. En la película de Los Vengadores, Tony Stark (Iron Man) diseña un sistema de defensa de inteligencia artificial, Ultron, para defender la Tierra. Pero Ultron analiza demasiado literalmente su misión, y concluye que la mejor manera de proteger la Tierra consiste en destruir a todos los humanos. Por ello, como dicen Michael Luca, Jon Kleinberg y Sendhil Mullainathan en un brillante artículo, es importante gestionar estos modelos de decisión algorítmicos con gran cuidado. El big data abre caminos para crecer radicalmente en el conocimiento de nuestros negocios, sin embargo, el análisis debe siempre combinar la técnica con nuestra capacidad para pensar, razonar, imaginar y ser creativos. En este sentido, es importante trabajar las áreas clave de nuestro pensamiento como empresarios y directivos.

En primer lugar, es fundamental desarrollar el pensamiento y las capacidades analíticas que nos ayudarán a abordar el estudio y el entendimiento de la cambiante, compleja y enmarañada realidad empresarial. El pensamiento analítico busca dividir y estructurar los problemas en partes disgregadas para, intentando entender el significado específico de cada uno de los aspectos parciales, encontrar una explicación al todo, en la agregación, por suma, de la explicación de cada una de las partes. Para lograr, por ejemplo, entender los motivos de la ída de ventas de un determinado negocio deberemos aplicar este pensamiento analítico, dividiendo el problema en partes que analizaremos separadamente con ese objetivo: mercado, competidores, producto, distribución, clientes, etc. En segundo lugar, debemos tener humildad a la hora de analizar, estudiar y tratar de comprender la realidad y las opciones y alternativas que se nos planteen. Es lo que se llama el pensamiento crítico. La falta de pensamiento crítico y un mal medido exceso de seguridad lleva muchas veces a perder o dejar pasar grandes oportunidades de negocio. La realidad y la historia de las empresas nos ofrecen múltiples ejemplos. También debemos desarrollar nuestras capacidades para  llegar a visiones nítidas y simplificadas de la realidad, que nos ayuden a tomar decisiones. También el liderazgo y las capacidades para estructurar y gestionar personas y equipos son esenciales en las organizaciones. Sin personas las empresas son solamente cascarones vacíos incapaces de tomar rumbo o dirección alguna. Las decisiones de negocio tienen como eje central a las personas, pues  éstas están en el centro de los distintos factores que condicionan el éxito en la implantación de las estrategias y objetivos empresariales: comunicación, coordinación, capacidad, modelo de liderazgo, etc. Por último, son importantísimas todas las cuestiones relacionadas con la conciencia y la responsabilidad ética, social y medioambiental de las compañías.

En definitiva, los algoritmos pueden ser una herramienta muy potente a la hora de tomar decisiones y ser capaces de realizar predicciones sobre cómo ganar un nuevo mercado, responder a un cliente, elaborar planes, decidir sobre nuestro equipo, etc. Identifican patrones fundamentales que pueden escapar a la mera observación humana. El reto, como señalan M. Luca, J. Kleinberg y S. Mullainathan, es entender sus riesgos y limitaciones y, mediante una gestión eficaz, liberar su potencial extraordinario. En efecto, los algoritmos, nos ayudarán a visionar el futuro, pero no eliminan la necesidad de tener cuidado a la hora de establecer conexiones entre la causa y el efecto. No son un sustituto del pensamiento a la hora de decidir nuestro futuro.

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fatimasora

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